Por: Juan Gabriel Vásquez

La historia en manos de Francisco Goldman

Y YA VAN TRES: A PARTIR DE MAÑAna, la revista El Malpensante monta en Bogotá la tercera versión de su festival literario, de manera que ya el asunto no necesita ningún tipo de presentación.

Pero he sabido que uno de los asistentes al festival será Francisco Goldman, uno de los novelistas más interesantes que hay trabajando hoy en día, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el ámbito de la lengua inglesa. Goldman, previsiblemente, tocará un tema que parece estar en el centro del festival de este año, y que es una de mis obsesiones: la relación entre la historia y la literatura. Y por eso no me ha parecido inoportuno contarles a los lectores por qué este nombre debería estar entre las próximas lecturas de cualquiera.

Francisco Goldman es hijo de un judío norteamericano y una madre guatemalteca. La doble herencia no es extraña en Estados Unidos, por supuesto; sí lo es la manera en que Goldman la ha transformado en literatura. Uno de sus temas recurrentes, a lo largo de las tres novelas que ha publicado, ha sido la relación entre el mundo norteamericano y el mundo latino (y en particular centroamericano). Su primera novela, La larga noche de los pollos blancos, toca el tema a través de la guerra en Centroamérica, que Goldman había cubierto como periodista; en la segunda, Marinero raso, un joven salido de la guerra en Nicaragua acaba atrapado en un barco frente a un muelle de Brooklyn. Pero entre las dos publicaciones Goldman leyó un poema de José Martí, “La niña de Guatemala”, y ése fue el origen de este aparato extraordinario que acaba de publicarse en español, pero que lleva desde el 2004 siendo extraordinario en inglés: El esposo divino.

El eje de la novela es el año que José Martí pasó en Guatemala hacia 1877, mucho antes de que su poesía y su persona fueran devoradas por la maquinaria latinoamericana de hacer próceres. “La niña de Guatemala” es uno de los poemas de Versos sencillos, un libro más bien autobiográfico, y cuenta una especie de tragedia romántica: una joven de buena familia que muere de amor, y la culpa y el remordimiento del poeta por esa muerte. Ahora bien: la historia oficial —un par de palabritas molestas que aparecen con frecuencia en la novela de Goldman— ha sostenido siempre que esa niña es María García Granados, hija de un presidente guatemalteco. Pero alrededor de esa muerte por amor ha habido más conjeturas que hechos comprobados. Lo que hace Goldman es creer en un rumor: la posibilidad de que la niña no fuera María García Granados, sino una tal María de las Nieves, y la posibilidad de que Martí haya tenido con ella una relación ilegítima y luego un hijo ídem. Y eso es lo que cuenta la novela.

Pero lo interesante, igual que siempre, no es el qué, sino el cómo. Goldman escoge como narrador a un joven estudiante que, a finales del siglo XX, recibe de una mujer mayor el encargo de averiguar si ella es descendiente de ese amorío. Y esa estrategia le permite a Goldman toda una reflexión sobre la historia oficial y la historia oculta, sobre la forma misma en que se escribe la historia en Latinoamérica. Su novela, lejos de ser una pieza de época, es una fascinante reimaginación de la historia. Ya en el primer párrafo, después de una anécdota introductoria, el narrador nos dice: “Por supuesto que esta no es la versión que conoce la historia”. Eso es lo que toda la novela, con otras palabras (muchas y muy bien escogidas), viene a decir: que la historia conocida es apenas una versión, pero hay allá fuera otras versiones, y la tarea de los novelistas es averiguarlas.

 

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