Por: Julio César Londoño

La Historia según Caballero

Está en librerías Historia de Colombia y sus oligarquías, de Antonio Caballero. El libro no tiene desperdicio, pero la sustancia está en el capítulo XIII: “A partir de 1990, el neoliberalismo ha dominado la vida económica y política de Colombia, en compañía de otras cinco fuerzas catastróficas: el narcotráfico, el paramilitarismo, la insurgencia, el clientelismo y la corrupción”.

Usted dirá que son muchas fuerzas para un solo país en menos de tres décadas. Se equivoca. Aún faltan tres: Gaviria, Samper y Uribe (para Pastrana y Santos, Caballero tiene pocas críticas y pocos elogios).

Contra Gaviria, afirma que la “apertura” significó la quiebra del país. En agricultura, pasamos de exportar alimentos a importarlos. La industria no pudo competir con los precios y la calidad de los productos importados. Para redondear su creativo “revolcón”, vendió a menosprecio todas las empresas públicas y los bienes del Estado: comunicaciones, energía eléctrica, minería, petróleos, puertos y carreteras. Casi fiel a su eslogan, “Bienvenidos al futuro”, convirtió al país en monoexportador de recursos minerales, como en la Colonia.

De Samper, Caballero dice que el Proceso 8.000 fue el debut en sociedad de una vieja práctica: la financiación de las campañas políticas con plata de narcos, pero el presidente “salió limpio, o limpiado” porque la Cámara, en su sabiduría, precluyó el caso, es decir, que no lo encontró inocente ni culpable (¡plop!).

Para que no digan que Uribe es el inventor de todas nuestras plagas, Caballero recuerda que fue con Samper que el DAS empezó a colaborar con el narcotráfico. Y que en la puesta en escena del paramilitarismo, Samper y Uribe se dividieron el trabajo: la teoría corrió a cargo del mindefensa Fernando Botero, quien logró que el Congreso les autorizara a los grupos de autodefensa el uso de armas de largo alcance, mientras Uribe, gobernador de Antioquia, se encargaba de la práctica y organizaba 70 organizaciones cívicomilitares bajo una marquesina enternecedora, Convivir.

De Pastrana, dice que las negociaciones del Caguán fueron un doble engaño. Las Farc las utilizaron para fortalecerse y el gobierno para desarrollar el Plan Colombia. “Venía en su helicóptero, echaba dos chistes y se iba”, contaba Tirofijo. Pero Caballero no dice mucho. Yo lo entiendo. Andrés inspira tanto como Nhora.

A Uribe le reconoce su trabajo en seguridad… y en inseguridad. Millones de desplazados, desequilibrio institucional, falsos positivos, malas relaciones internacionales, exacerbación de los odios nacionales… ¡Uribe inspira demasiado!

Caballero explica que lo suyo es un libro de opinión, no una historia académica. En realidad todos los libros de historia son opiniones, historiografías. La ventaja es que Caballero no disimula sus odios con lenguajes neutros. Esto le permite especular, hacer simplificaciones, trazar elipsis largas, ser virulento, expeler ironías, mala leche y buen estilo, apelar a la intuición y a todas esas licencias que hacen legibles los ilegibles libros de historia. La edición de Mincultura es impecable. Buen papel, márgenes amplias. Las caricaturas, también de Caballero, parecen descuidadas, pero son graciosas y muy expresivas.

Los responsables de este desastre llamado Colombia son sus oligarquías, concluye Caballero, puesto que ellas la han gobernado. Para evidenciar su tesis, cita la respuesta de un oligarca, “el más lúcido estadista de los últimos 100 años”, López Michelsen. Cuando Enrique Santos le preguntó si se sentía parcialmente responsable de la debacle del país (libro-entrevista Palabras pendientes), el lúcido estadista “respondió con cínica sencillez: Si soy responsable, no me doy cuenta”.

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2018-09-22T00:00:56-05:00

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