Por: Iván Mejía Álvarez

La hora de Bedoya

Les fue muy mal a los argentinos en su partido frente a Venezuela.

El calor, la humedad, el desgaste físico por el viaje y por el ritmo que impuso el cuadro patriota terminaron haciendo mella en el físico del equipo de Alejandro Sabella y pudieron terminar con varios goles en contra, pues el aire les duró un cuarto de hora.

Lo peor para ellos es que la próxima doble jornada eliminatoria es similar: juegan de locales y después avión y a enfrentar el calor y la humedad de Barranquilla en ese Metropolitano que hierve. Y más grave es el horario, pues si sufrieron a las siete de la noche no saben lo que les espera a las cuatro de la tarde en ‘Curramba’. Alguien podrá pensar que el calor y la humedad serán para los dos equipos, pero es menester tener en cuenta que Colombia llevará más de una semana trabajando en esas circunstancias, adaptándose, y no tendrá que viajar siete horas de Buenos Aires a Barranquilla.

Por supuesto, jugadores y prensa argentina saben lo que les espera y ya iniciaron una masiva campaña en los medios intentando cambiar el horario inicialmente programado. Quieren jugar en la noche y están usando todos los medios posibles para que el compromiso no sea a las cuatro de la tarde.

El tema de los horarios en las eliminatorias generalmente pasa por la televisión, los compromisos de los ‘grandes’ y el poder que tenga la dirigencia de cada país. Por eso resulta necesario advertirle a Luis Bedoya que los medios argentinos ya iniciaron la campaña para que el juego vaya en horas de la noche. Y si los medios están presionando, que no quepa ninguna duda que el tenebroso ‘ferreterito de Sarandi’, el ‘Don’ Julio Grondona, símbolo del corrupto poder de los dirigentes ‘bandis’, ejercerá los artilugios que estén a su disposición hasta conseguir adecuar el horario a lo que quiere su cuerpo técnico.

La Federación y Bedoya no pueden hacer el papel de idiotas útiles, de sumisos alcahuetes de las decisiones de Grondona, y se les quiere ver peleando por el horario que más le conviene a la selección.

A ver, Bedoya, a demostrar que no hace parte del séquito de arrodillados del ‘Don’.

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