Por: Columnista invitado

La hora verde del Grupo Argos

Por: Rodrigo Bernal*

A mitad de camino entre Medellín y Bogotá se encuentra otra de las maravillas que los colombianos hemos descubierto tras el fin de la guerra: el río Samaná Norte. El profundo cañón de este río, con impresionantes rocas de mármol en algunos trechos, ha resultado ser una auténtica arca de Noé, un refugio de plantas extrañas y exclusivas que tienen asombrados a los científicos. Hace poco mostré como mi colega Saúl Hoyos y yo hemos descubierto, en solo un año, nueve especies exclusivas de allí, desconocidas hasta ahora para la ciencia.

Pero gran parte de esa diversidad está amenazada por el proyecto hidroeléctrico Porvenir II, que el Grupo Argos planea desarrollar allí a través de su filial Celsia. Para represar el río Samaná Norte, Celsia se proponen levantar entre las dos orillas del cañón un muro de 140 m de alto, inundando todo aguas arriba en un tramo de casi 17 kilómetros y ahogando muchas de las especies que son exclusivas de este río. Para algunas de ellas, este podría ser el final de su existencia.

Llamé por primera vez la atención sobre este tema hace ya varios meses, mostrando cómo algunas de las especies se verían afectadas. Desde entonces, ha aumentado considerablemente el número de plantas nuevas que hemos descubierto en el río, muchas de ellas en peligro crítico de extinción por lo restringido de su hábitat.  Así que vale la pena plantearse la pregunta: ¿es conveniente que el país siga adelante con el proyecto Porvenir II, poniendo en riesgo muchas especies que no se conocían en 2014, cuando la ANLA otorgó la licencia para esa hidroeléctrica?

Si la licencia para el proyecto Porvenir II hubiera de ser evaluada en este momento, con la información que los botánicos hemos aportado en el último año, ciertamente sería rechazada, por su alto impacto sobre un gran número de especies endémicas de allí. Al menos si prevalecieran el sentido común y el respeto a nuestra biodiversidad entre los funcionarios encargados de evaluar el caso. ¿Y vamos a seguir adelante, entonces, con un proyecto cuyo impacto real  hemos descubierto solo ahora?

Lo paradójico del tema es que este proyecto lo adelanta justo el Grupo Argos, quizás el conglomerado económico más reputado en Colombia por sus acciones en pro del ambiente. Pero en este caso, el espíritu verde de Argos parece un poco descolorido: a pesar de nuestra información sobre las numerosas especies que hemos descubierto allí, el grupo envió “un mensaje de tranquilidad” en respuesta a mi artículo sobre la flora que se vería afectada. Se abstuvo de hablar sobre las plantas amenazadas que hemos registrado, reiteró que ha sembrado cien árboles de guanábano de monte y presentó las acciones ambientales que desarrolla en otras áreas del país.

El director del proyecto Porvenir II en Celsia, Mauricio Meza, ha minimizando nuestro exhaustivo trabajo de exploración en la cuenca y la autoridad científica de los especialistas, afirmando ante los medios que los botánicos que se oponen al proyecto “pueden estar desinformados”. Nada más lejos de la verdad: es precisamente porque estamos bien informados sobre las plantas amenazadas del Samaná Norte, que nos oponemos a la construcción de la represa.

El Grupo Argos debería renunciar de inmediato al proyecto Porvenir II. En el sureste de Brasil se abandonó el proyecto de construir una hidroeléctrica en el río Pelotas, después de que un estudio mostró una extraordinaria riqueza de plantas únicas en sus orillas, según me informó el doctor Matias Köhler, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul. Lo mismo se debe hacer ahora en Colombia. El Ministerio de Ambiente y la ANLA deben reversar la licencia del proyecto Porvenir II, con base en la abundante información nueva que revela  la enorme diversidad biológica que se afectaría en el área, y que no era conocida cuando se otorgó esa licencia. En vez de inundar el río Samaná Norte, se deben buscar los mecanismos para crear allí un área que proteja su inmensa riqueza biológica y geológica. Y el Grupo Argos debería hacer parte de ese proceso.

Llegó la hora de que Argos muestre sus cartas y les deje ver a los colombianos qué tan auténtica es la vocación ambiental de la que se enorgullece. Y el mejor modo de hacerlo es abandonar sus planes de represar el paraíso de especies únicas que es el Samaná Norte y apoyar la preservación del río y de su entorno. De lo contrario, las publicaciones del grupo sobre biodiversidad, al igual que todas sus demás acciones verdes, podrían ser vistas como un simple lavado de imagen. Y también la ANLA debe actuar de inmediato frente a la licencia. Ya es hora de que Colombia supere, de una vez por todas, su actitud esquizofrénica de andar cacareando por el mundo su privilegiada biodiversidad, mientras sus empresarios se empeñan sin piedad en destruirla, ante la mirada impávida o cómplice de funcionarios del Estado.

**Investigador asociado, Jardín Botánico del Quindío.

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