Por: Lorenzo Madrigal

La igualada

Que un expresidente — y expresidente de ocho años— se baje del pedestal y se acomode en las bancas cuasi escolares del capitolio, no sólo es insólito sino, cómo negarlo, un gesto democrático.

A Uribe no lo quieren hoy los medios. Se está alimentando una cultura para que el pueblo, que, sin mucha reflexión, lo sigue reclamando, desista de su preferencia. Antes deliraban por él; el hermano mayor del actual presidente, dijo desde la dirección de El Tiempo, que era irreemplazable y esto cuando el gobernante se proponía alargar su período, en claro abuso de poder (dictaminado así por la Corte Suprema), mientras la familia Santos cogobernaba el país.

Hoy ni siquiera se admite que su presencia en el foro de la democracia sea un gesto de valor político, que debería reconocerse. Asiste secundado y escoltado por sus inmediatos seguidores, como los han tenido todos los viejos líderes que en Colombia han sido. ¿No era de pontífice la voz de López Pumarejo y pocos se atrevían a contrariarla?, ¿no tenían séquito Eduardo Santos u Ospina Pérez, cuando actuaron luego de su paso por el poder presidencial ?

No es fácil defender a Uribe ni es lo que se pretende, pero creer que porque asiste “a una misma clase”, sus compañeritos menores puedan hacerle matoneo, ya que lo tienen al alcance de la mano, pues no. Ni una silleta aparte para encumbrarlo, pero tampoco irrespetarlo en su dignidad, que la tiene, con bodoques lanzados desde los pupitres escueleros de quienes se sintieron por un instante iguales.

Presidente es presidente. Otros quisieran llegar a serlo, para, a su vez, abusar del poder. Y mientras medran hostigando a los ya consagrados pero de la corriente contraria, olvidan a los dictadores de su propia ideología, que escandalizan al mundo con su autoritarismo, sus presos políticos, sus expropiaciones a grito y la captura en una sola mano de todos los órganos públicos de autoridad y control.

No hay caso de comparar a Uribe, hombre, en últimas, de carrera política y parlamentaria, con un Pinochet, de ruda estirpe militar o con un Fujimori, quien fuera un técnico que llegó por equivocación a la política.

Y lo más ingenuo es pensar que porque el gran enemigo llega a contestar a lista, confundido entre muchos, ha perdido su fuero presidencial y ha quedado al alcance de la justicia penal ordinaria. Uribe no ha dejado de ser expresidente y los errores y abusos de su gestión como mandatario continuarán siendo de jurisdicción especial.

***

Nicolás Maduro todavía no ha viajado a otros países a presionar la entrega a la justicia de sus perseguidos políticos. Ya lo hará, a imitación de Santos, quien usurpando un papel judicial, reclama a la señora Hurtado en Panamá, por paradoja su antigua compañera de trabajo en el gobierno de Uribe.

 

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