Por: Columnistas elespectador.com

La III revolución industrial

En este siglo, cuando algunas de nuestras empresas aún usan maquinarias dignas de la primera Revolución Industrial y buena parte de nuestra producción se basa en los logros de la segunda, la de la producción en línea, de Henry Ford, nuestro país se encuentra ad portas de la tercera, que se fundamenta en el uso físico y conceptual de la informática y la tecnología digital.

Rápidamente, como casi todo lo que implica el medio digital, la producción industrial incorpora por su valor implícito, la labor del trabajador digital, conectado a internet, que hace eficiente el trabajo del “obrero de martillo”. Trabajadores que desde sus computadores interactúan en redes que exceden los límites de sus propios escritorios y que ejecutan su labor de producción de datos e información desde los más inusitados lugares y dispositivos, trayendo un nuevo concepto de ocupación: el teletrabajo.

Y es que en el entorno de nuestras ciudades, cada vez más congestionadas, el teletrabajo es una opción que permite el trabajo sin desplazamientos, desde la casa, lo cual, además de ahorrarles a las mismas ciudades el transporte del trabajador y a la empresa el espacio, trae como consecuencia inmediata un mejor nivel de vida para las personas empleadas, además de la posibilidad de incorporar al flujo productivo a otras tantas que por sus limitaciones físicas, de situación de género (en maternidad, por ejemplo) podrán entrar al círculo laboral.

El Gobierno, consciente de la oportunidad que el teletrabajo como tal propone, desde su nuevo Ministerio del Trabajo, asume el reto de ajustarse a las exigencias de este nuevo ambiente productivo, desarrollando políticas no sólo mediante la implementación del Decreto 884 de 2012, el cual reglamenta la puesta en marcha del teletrabajo en las empresas, sino también con los miles de aprendices que se benefician de convenios hechos entre el Sena y universidades del país para trabajar en temas ligados al desarrollo de micro y nanotecnología, apoyados con la labor de los ministerios de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, el de Educación y el nuestro, empeñados todos, cada cual en su campo, en el desarrollo y la expansión de esta nueva revolución industrial informática, que a diferencia de las anteriores, podremos, si lo hacemos correctamente, encabezar sin problema.

Rafael Pardo Rueda* / Ministro del Trabajo.

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