Por: Hernán Peláez Restrepo

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Pasaron muchos años y sin embargo sigo recordando a al reconocido periodista Jorge Uribe, corresponsal de la France Press en Colombia, quien escribió sobre Wálter Gómez, un centro delantero uruguayo traído por el Cúcuta y quien en Bogotá no dio pie con bola en un juego.

La altitud, la veteranía y el paso de los años desdibujaron su imagen de goleador en River Plate. Uribe inició su análisis así: “Qué tiempos aquellos, señor don Simón”. Lo mismo en el presente podría decirse de Ronaldo en su presentación ante el Medellín, en El Campín, excedido de kilos, con ropaje blanco que poco lo favorece, estático, sin acompañamiento, no jugó a nada. Cuando fue relevado, el público lo aplaudió, más por lo que había sido en el pasado, que por su presente.

Varios seguidores del fútbol y a través de correos electrónicos, se mostraron felices de poder verlo, así jugara mal. Inclusive el técnico del Corinthians, Menezes, lo disculpó diciendo que su sola presencia ponía nerviosos a Jiménez y Almeyda, los zagueros centrales del DIM. Puede ser o habría que buscar alguna conexión con la historia del Cid Campeador. Ronaldo vino de paseo. No así Roberto Carlos, quien aportó con sus remates a distancia algo para reconocerlo como gran jugador que aún es.

Hablando de la Copa Libertadores, tanto para Once Caldas como para Medellín, los empates reflejaron detalles en común. Tuvieron la iniciativa, no fueron dominados ni controlados por mexicanos y brasileños. Desperdiciaron opciones de gol, como Pardo y Tressor Moreno, y además, incluyendo a Dayro Moreno, lucieron individualistas.

El Medellín se entretuvo tanto con el balón, que nunca se notó ahogando al Corinthians, que lo esperó y esperó hasta que Souza y Dentinho le dieron la alegría suficiente para conseguir, con un golazo, el empate. Uno debe tener la pelota y prestársela entre compañeros, mientras descubre el boquete en la zaga contraria para ingresar. Quizás ahí estuvo el acierto de enviar a Valoyes para hostigar, mortificar a los defensas. Pero ingresó tarde y no alcanzó.

Caldas dispone de gran velocidad para pasar al ataque, aunque no tiene pausa ni cambia ritmo. En los bailes, las orquestas saben alternar, un bolero, una bachata, un pasodoble, una guaracha, un rap, y saben entretener y lograr el objetivo, que es simplemente dar gusto a todos.

Continuamos contando con goleadores aislados por toda parte. Nos falta conseguir darles sentido de equipo, de juego colectivo, lo mismo en la selección. Caldas y Medellín no perdieron, es cierto, debiendo aprovechar estos tropiezos como experiencias para el futuro inmediato. Por eso un técnico debe ser primero un genuino seleccionador, saber escoger y mezclar, talento, escaso por estos días, fuerza, marca, gol. No es fácil, aunque ellos están dedicados ciento por ciento a descubrir la mezcla perfecta de jugadores.

 

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