La importancia de llamarse Yidis

Yidis, McDonald's, Marlboro, Adidas, Íngrid o Pinchao son marcas que venden y se comercializan como el pan o la carne.

De los nombrados, sólo Yidis está en la reserva, es una mina por explotar, una novela en busca de autor; los demás ya están en el mercado. McDonald’s es un puchito de carne molida en la mitad de una mogolla y Marlboro son unas migas de tabaco envueltas en un papelito, pero detrás de esa mogolla y ese papelito enrollado se esconden miles de millones de monedas. Íngrid es un extraño ser humano que años atrás repartía condones en las calles bogotanas en busca de popularidad, con la ilusión de gobernar a Colombia. No lo alcanzó, pero por vueltas del destino y el azar, hoy su marca se cotiza en dólares, pesos y francos. El breve espacio de esta cuartilla sólo permite referirme a Yidis.

La Biblia relata la historia de Sansón, un gigante mitológico que para vengarse de sus enemigos filisteos los citó al Templo, cerró las puertas y derribó las columnas para aplastarlos a todos y morir con ellos. La más absurda forma de venganza es morir junto con nuestro enemigo. La venganza con suicidio incluido indica claramente que el ejecutante era un pobre diablo, un don nadie sin recursos. Sansón, en el contexto del ejemplo, era sólo fuerza bruta.

El caso de Yidis Medina, nombre tan conocido en Colombia como decir Álvaro Uribe, guardadas proporciones tiene algunas similitudes con el de Sansón. Para vengarse de quienes satisficieron a medias su descarada ambición, optó por suicidarse ante la Corte al incriminarse sin rubor ni vergüenza en el escabroso proceso de la reelección presidencial y, hoy, desde su prisión domiciliaria, espera verse acompañada por varios ejecutivos que fueron comparsa en la tragicomedia que desató.

 La diferencia entre los suicidios de Sansón y Yidis es que el del primero fue físico y el de Yidis simbólico, y sus enemigos, junto con ella, siguen habitando el planeta.

Yidis posiblemente está entre quienes se han ganado el baloto del Congreso y del boom de los escritores de la farándula política y los liberados de las Farc. Cuando cumpla su condena no le faltará el escritor de suspenso que se encargue de relatar, amparado en la franquicia Yidis (r), los secretos que no ha revelado del lodazal de suciedades en que se vio involucrada. Ese futuro libro será un éxito editorial, en especial si se le añade algo de porno y violencia.

  Zoilo Guarín. Bucaramanga.

 

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