Por: Columnista invitado

La importancia de lo meso

Cuando en los medios de comunicación de hoy se publican noticias económicas y políticas da la sensación de que estuviésemos viviendo en dos países distintos.

De un lado, en materia económica el país parece vivir su mejor momento: las tasas de pobreza absoluta y relativa han caído a niveles históricamente bajos, el desempleo lleva varios años disminuyendo de la mano de un mejoramiento en la formalización laboral y, a pesar del aumento en la tasa de participación, la inflación es posiblemente una de las más bajas  en la historia reciente de Colombia.

La inversión extranjera directa llega a tasas que podrían considerarse récord en el escenario mundial en los últimos años, el crecimiento a pesar de la crisis mundial sigue siendo significativamente alto, la inequidad ha disminuido en algo que confieso nunca había oído como noticia y el déficit fiscal ha caído. De seguir esta tendencia llegaremos en algún momento a un equilibrio; en síntesis, la mayoría de las cifras macroeconómicas hablan de un país más próspero, sólido y equitativo.

Sin embargo, del lado de las noticias políticas la realidad es radicalmente distinta. Cada una de las encuestas de opinión muestran a un gobierno más desprestigiado, las expresiones populares y sociales son recurrentes y tienen reclamos importantes y válidos, el país sigue confuso respecto al real avance del proceso de paz y los resultados de la política social (vivienda, por ejemplo) no impactan aún en el grueso de la población.

Algunos interpretan este dilema como una distancia entre la realidad y las expectativas, otros entre las promesas y las acciones, otros  como un mero error de comunicaciones y algunos otros como una dificultad de los medios de comunicación para mostrar la realidad.

Permítanme dar una interpretación adicional. En mi opinión, el Gobierno actual tiene un sobresaliente trabajo en lo macroeconómico y en los grandes debates de política pública y legislativa, y posiblemente está descuidando lo mesoeconómico. Eso significa que menos importancia y atención le dedica a lo regional, al rol de las gobernaciones, a estrategias puntuales de desarrollo productivo local o micro, a la necesidad de instituciones fuertes en el nivel medio del país político, económico y social. De igual forma, se echan de menos expresiones más fuertes en el nivel gremial que, además de trabajar de la mano del Gobierno, le exijan a éste en asuntos de capital importancia para el desarrollo sectorial.

Para no ir muy lejos, la situación del sector del agro y de la industria en Colombia es francamente crítica, y la ausencia o debilidad de los mecanismos de institucionalidad para promover sectores como la agricultura, o aun la industria, es preocupante. Puntualmente en estos temas, ampliamente conocidos, poco se ha avanzado efectivamente: en hacer más competitivos los costos de transporte y logística, en reducir los altos costos de energía o en mejorar la rentabilidad del agro con ajustes en los canales de distribución y reducción en los costos reales de fertilizantes al campesino. Sigue en deuda también un esfuerzo mayor en reducción del contrabando y persiste el desequilibrio en el crecimiento entre las distintas regiones del país, con mayor concentración de la riqueza en algunos departamentos.

El mensaje de urgencia es: así como hemos trabajado de bien en lo macroeconómico, de pronto es momento de profundizar en la mesoeconomía.

* Rector del CESA. [email protected]

 

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