Por: Luis Carvajal Basto

La inaplazable actualización de las “Izquierdas”

Ojalá nuestra “izquierda”  pueda reconocer que con los cambios que se están produciendo  no es posible hacer política y mucho menos gobernar, como le pasa a Maduro, con un “discurso”  del siglo antepasado.

La semana anterior tuve la oportunidad participar en un debate sobre la situación de Venezuela. Dije, como vengo afirmando desde esta columna, que la democracia, con sus defectos, es el mejor régimen político real que conocemos, superior, por ejemplo, a las monarquías absolutistas y a las dictaduras en nombre de quien sea. Estando claro, sin embargo, que cuatro defectos están carcomiendo al sistema político :1) La corrupción, 2) La escasa incorporación de las transformaciones tecnológicas al sistema, estableciendo y reglando nuevas formas de participación y expresión ciudadana 3) La debilidad fiscal de los gobiernos que establece límites “artificiales” al Estado para cumplir sus funciones, un defecto grave de la globalización y 4) El agotamiento, por parte de los partidos “tradicionales”, del discurso que reclama redistribución estatal sin establecer el origen de los recursos; sin un adecuado sistema de impuestos  y control ciudadano de  gestión y gastos.

Adicionalmente, existe la convicción  equivocada según la cual la democracia, el Estado Liberal, es un “derecho” adquirido” en una época en que como nunca antes, desde Hitler, ha sido amenazado.

Dije, también, que lo de Venezuela, si ya no es,  se parece mucho a una dictadura, luego de la suspensión de las elecciones regionales; el desconocimiento de las mayorías representadas en su Asamblea; la sistemática cooptación y compra de medios iniciada por Chávez y el encarcelamiento de sus opositores políticos. La “Invasión”, sin ton ni son, a territorio colombiano en Arauca  mostrando el rostro de un gobierno desesperado que no puede ocultar la crisis de un modelo fundamentado en el petróleo a 100 dólares en el que desaparecieron todo tipo de actividades productivas. El mejor ejemplo de la enfermedad holandesa y no del “socialismo del siglo 21”.

Finalmente, dije, que la crisis humanitaria que viven nuestros hermanos no se puede ocultar más y la única salida posible es una concertada entre gobierno y oposición para hacer elecciones generales  como finalmente tuvo que “conceder” el presidente Maduro el sábado, pero hasta finales de 2018, en una medida que tiende a apaciguar los ánimos y ganar tiempo.

Quién dijo miedo. Alguno de mis contertulios recitó la crítica al neoliberalismo  y los intereses “imperialistas” de Estados Unidos en Venezuela. Me parecía  una reedición de viejas discusiones en mi época de estudiante. Cuando contra pregunté si los gobiernos de Trump y Obama eran lo mismo, cuando se refería a los intereses de Estados Unidos, confirmé que no había atisbado los cambios recientes en el orden mundial; la redistribución que se viene, o se vino, en la estructura productiva con el neo proteccionismo de Estados Unidos e Inglaterra; los nuevos sectores sociales , mucho más damnificados que los trabajadores de la manufactura en los países desarrollados, consecuencia de su reemplazo por máquinas; y la Revolución Digital.

Quise explicar que la negación de las ventajas comparativas y competitivas, de la especialización, atenta contra la idea de progreso y desarrollo humano. Contra la reducción de la pobreza y el Hambre en el mundo, que gracias a ella puede disponer de alimentos y productos a precios más bajos que en economías cerradas. En síntesis, que a estas alturas del desarrollo científico, comercial y tecnológico la autarquía es una mentira enorme o un camino seguro a la postración.

Negar realidades ha unido, recientemente, a la nueva derecha y a la vieja izquierda. Son proteccionistas, porque sí, Trump como los comunistas de antaño para los que la segunda mitad del siglo 20 y lo que va del 21 son un “error” o no existieron.

No pude, porque el tiempo no alcanzó, abrir el debate sobre la inexistencia de una propuesta  política democrática en Lenin o en Marx,  en los altares de su santoral, a los que deben obediencia y Fe ciega, por lo que sus caminos desconocen la alternación, la regla de mayorías y la Soberanía Popular, dejando como única vía la de la dictadura, hacia donde se dirige Maduro, a diferencia, por ejemplo, del socialismo democrático que pudo transformar a Europa. Hacer la crítica del Estado no es una forma de gobierno aunque sea una para acceder a él.

El pluralismo hace parte del juego en democracia. Pero el viejo modelo de “izquierdas” y “derechas” ya no sirve para interpretar el escenario político. Tampoco seducir al electorado  a punta de calificativos trasnochados  en pleno auge del proteccionismo populista.

@herejesyluis

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