Por: Columnista invitado

La incultura de Benedetti

Es trágico aceptar que son pocas las veces en que nuestros gobernantes ponen los ojos sobre los actores, pero es aún más trágico —y casi se acerca a la comedia— saber que cuando lo hacen, es para tratarnos de “tontos”.

Lo hizo el señor Armando Benedetti a través de su cuenta en Twitter en días pasados. Si bien para algunos es un tema menor al que no habría que prestarle atención, para otros, como yo, esta es una pequeña —mas no insignificante— muestra de la manera como la cultura es atendida en nuestro país; no es otra cosa que el reflejo de la ignorante opinión que el señor Benedetti tiene frente al arte, de la poca sensibilidad que lo acompaña y de su incapacidad para comprender que de ese “montón de tontos” depende, entre otras cosas, una millonaria industria. Diferente a lo que personas como él piensan, en países como Estados Unidos sí consideran esta profesión como loable, importante y tenaz; una profesión que requiere de inteligencia, ingenio, talento y de muchísimo estudio; de un nivel de perfeccionamiento que sólo las artes en general requieren. Por eso, porque entienden el valor de lo que hacemos —más allá del dinero—, es que es una industria tan importante, respetada e incluso bien remunerada en ese país. Porque el entretenimiento y la diversión también son maneras de conocimiento y han sido parte esencial del desarrollo del ser humano como individuo.

Aunque ahora tengo mis dudas de que alguna vez se haya conmovido, quisiera saber cuántas veces habrá ido a cine el señor Benedetti; cuántas veces habrá llorado o reído gracias a una película que no solamente —y perdono su incultura— depende de los productores y directores o de los que ponen la plata; una película, en la mayoría de los casos, sería imposible sin esos “tontos”; porque esta profesión —diferente a otras— no trabaja única y exclusivamente con el dinero. Trabaja con las emociones, con las pasiones. Cosas de las que al parecer él carece, porque, como lo dijo Séneca, “un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella”. El señor Benedetti se jacta de habernos ayudado a sacar adelante la Ley Fanny Mikey, pero entonces me queda la duda de si sabía realmente que trabajaba por los derechos de una manada de tontos. ¿Así funciona la legislación en nuestro país?

Señor Benedetti, le pediría que hable de lo que conoce, pero no se atreva a hablar de lo que no; que cuide sus palabras y se haga responsable de ellas porque hay gente que lastimosamente le cree. No se preocupe, ofrecer excusas o asumir los errores no son muestras de debilidad. Son actos nobles, es decir, generosos, honrosos y estimables, adjetivos que estoy segura usted cree que lo describen.

 

* Carolina Cuervo

 

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