Por: Tatiana Acevedo Guerrero

La infraestructura pacífica

El año 1985 fue de transiciones en Colombia, ya que dos procesos alcanzaron momentos críticos. En primer lugar, los enfrentamientos armados aumentaron debido al fortalecimiento de las Farc y al surgimiento del narcotráfico y el paramilitarismo. En segundo lugar, el crecimiento desordenado y desigual de las ciudades alcanzó nuevos niveles como resultado de la creciente violencia. El 85 fue sucedido por una década de profunda desigualdad. A pesar de que se habían asegurado mejoras en indicadores económicos durante el Frente Nacional, las desigualdades no disminuyeron sustancialmente. Según un informe del Banco Mundial, los niveles de desigualdad a principios de los años 90 eran similares a los de 1938. Por un lado, las disparidades sociales aumentaron entre las poblaciones de las zonas rurales y urbanas (unas como sitios de enfrentamiento armado, otras como epicentros económicos). Por otro, la segregación aumentó dentro de las ciudades, donde sólo pocos se beneficiaron de la movilidad social. Se construyeron barrios piratas alrededor de las principales ciudades del país: barrios sin empleo constante, ni servicios públicos. Sin agua, ni alcantarillado.

Estos procesos nacionales tuvieron una expresión local en Barranquilla, donde los partidos Liberal y Conservador habían prevalecido como las principales fuerzas políticas desde principios del siglo XX. En la década de los 80, José Name Terán lideró a los liberales a nivel local y Roberto Gerlein dirigió a los conservadores. Estas élites políticas controlaban las cuotas políticas y burocráticas del Gobierno en Barranquilla, ya que representaban al departamento en el Congreso y tenían representación similar en la Asamblea y el Concejo. Paralelamente, en el contexto del conflicto, grupos de desplazados internos comenzaron a reasentarse en Barranquilla y sus alrededores. La mayoría de estos grupos construyó asentamientos informales en el suroeste de la ciudad sin acceso a servicios públicos.

A finales de los 90 las empresas públicas de la ciudad fueron quebrando una por una. Con la participación del sector privado, se creó la empresa de Agua y Saneamiento Triple A y distintos inversionistas compraron acciones (incluyendo la multinacional Dupont, que había sido multada en numerosas ocasiones por la descarga ilegal de residuos en el río Magdalena). Pese a la creación de una nueva empresa, no se realizaron mejoras en los servicios del suroccidente. Esto cambió durante las elecciones locales de 1992. Para entonces, los partidos tradicionales se habían dividido. En el liberalismo, dirigido por la familia Name, surgió una facción disidente liderada por el empresario Fuad Char. En el Partido Conservador el empresario Efraín Cepeda desafió a los Gerlein. En el contexto de estas divisiones, un movimiento político surgió de los barrios en el suroeste de la ciudad. Su líder fue el activista y sacerdote Bernardo Hoyos Montoya.

El nacimiento del movimiento fue una respuesta a las condiciones de vida en el sector, pues entre los partidos tradicionales y sus representaciones bogotanas habían dilapidado préstamos e inversiones en infraestructura. Pocos días después de las elecciones, Hoyos anunció que iba a dar prioridad a las obras de drenaje y saneamiento, en particular para hacer frente a los arroyos, y dio a la Triple A 15 días para limpiarlos. Hoyos fue haciendo migas con políticos del centro del país. Su importante caudal electoral benefició a políticos nacionales y su capacidad de gestionar infraestructura acabó en el gota a gota de algún escándalo de corrupción.

Su gran empresa electoral permitió la adaptación de la ciudad y del país al conflicto que asediaba. Permitió también la estabilidad del Gobierno en Bogotá. Y sin embargo, se le recuerda a él (mas no a su entorno departamental ni nacional) como baluarte del clientelismo y la ilegalidad. Su historia es la que se repite en el caso del político costeño Bernardo Miguel Elías. “No sabía que desde el Gobierno me odiaran tanto. Lástima no haberlo sabido antes”, dijo en estos días el político cordobés.

 

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