La insoportable moralización del mundo

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A quienes pensaban que esta pandemia y este confinamiento nos iba a convertir en mejores personas, purgadas de vanidad, oportunismo y todos esos vicios del alma que afean la existencia, el manifiesto anticonsumo que firmaron hace unos días varios actores famosos debió convencerlos de que no hay remedio. Hasta una pandemia se convierte en una oportunidad para que los famosos hagan lo que ya vienen haciendo desde hace algunos años: demostrarnos lo buenos que son soltándonos un discurso moralizador.

Esos viejos tiempos en que era un peligro darles voz a las estrellas del espectáculo porque podían corromper a los menores se han ido para siempre, parece. Ahora, sin falta, no hay ocasión en que un actor suba a un escenario a recoger un premio sin hacer acopio de todas las causas nobles que defiende, de lo consciente que es o de lo “concientizado” que está de los problemas de la Tierra, de los migrantes o de los transexuales, y de lo decididamente inclinado que está hacia el bien y en contra del mal. Ante las cámaras del mundo, con música épica de fondo, no pierde la oportunidad de demostrarnos que no sólo es más guapo, más talentoso, más famoso y más rico que nosotros, su público, sino que además es mejor persona. Teniéndolo todo, también quiere la superioridad moral. Los honores no se los da el premio a él; él prestigia al premio con su seráfica moralidad.

En el manifiesto anticonsumo los firmantes aseguraban que la borrachera consumista estaba arrasando la naturaleza y poniendo en peligro la misma supervivencia de la especie. No pasó desapercibido para algunos perspicaces que justo estos actores que ahora nos decían que no consumiéramos habían sido los rostros visibles de campañas publicitarias que nos invitaban a consumir todo tipo de productos. ¿A quién debíamos hacer caso, a la Penélope Cruz que hace un par de años anunciaba una compañía de cruceros, o a la Penélope Cruz de hoy que nos dice que no compremos nada?

Esto parece esquizofrénico, cuando no hipócrita o contradictorio, pero en realidad no lo es. Responde con absoluta coherencia a la manera en que está funcionando el capitalismo hoy en día, en una sociedad altamente moralizada en la que todo el mundo intenta demostrarles a los demás, quizá por la sobreexposición de las redes, lo mismo que las estrellas: que es bueno y que está “concientizado”. Basta ver la manera en que el marketing se ha vuelto social y la forma en que la publicidad instrumentaliza las causas nobles. Los anuncios también lanzan moralejas. Son menos cursis que las estrellas de Hollywood, pero a lo mismo juegan.

De ahí que no sea contradictorio que un actor firme un manifiesto anticonsumo. Al contrario, ese personaje “concientizado” con los problemas del mundo es justo el rostro que necesita mi compañía para promocionarse. Hoy en día no importa lo que se hace en la realidad, sólo el gesto, la perfomance en que se ha convertido la vida y cuyo único fin es llamar la atención y autopromocionarse como la encarnación de determinados valores. ¿A alguien le importa la devastación de la naturaleza? Me da la impresión de que importa más que se note que nos importa la devastación del planeta. Y entonces podemos resolverlo comprando un producto promocionado por Penélope Cruz.

Posdata moralizante: si dice “concientizado”, no te lo tires.

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