Por: Elisabeth Ungar Bleier

La institucionalidad bajo fuego

La decisión del presidente Iván Duque de objetar por inconveniencia seis artículos de la Ley Estatutaria de la JEP tiene serias y evidentes implicaciones para el cumplimiento del Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno del expresidente Santos y la entonces guerrilla de las Farc. A esto se suman muchas otras consecuencias que trascienden estos hechos y pueden afectar la institucionalidad democrática y la democracia misma.

Como lo señalan en su libro Cómo mueren las democracias (How Democracies Die) Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, para que esto suceda no se necesitan generales o golpes de Estado, sino líderes que, amparados en el cumplimiento de formalidades legales y en el hecho de haber sido elegidos, toman decisiones, o inducen a otros a tomarlas, que pueden afectar la legitimidad. Romper el principio del equilibrio de poderes, debilitando así el sistema de pesos y contrapesos, es una forma de hacerlo. Por ejemplo, al objetar las decisiones de la Corte Constitucional, que es el órgano de cierre de las decisiones constitucionales, se está cuestionando su función de control y su autonomía. Además, genera un choque de trenes que debilita la democracia, mina la credibilidad de los ciudadanos en sus instituciones y genera un precedente de impredecibles consecuencias. Así la acción presidencial tenga sustento legal, puede cuestionarse su legitimidad, sobre todo porque desconoce e incumple compromisos del Estado colombiano con actores y organismos nacionales e internacionales y con miles de víctimas que dejó el conflicto armado. Además va en contravía de la palabra del presidente cuando prometió respetar los acuerdos y la independencia de la Corte Constitucional. En las democracias, la confianza y la legitimidad son dos virtudes que deben ir de la mano.

También se pone en riesgo la democracia, según los mismos autores, cuando las instituciones son utilizadas por quienes detentan el poder como armas políticas en contra de sus opositores, quienes no son vistos como rivales legítimos, sino como enemigos. Esto parece estar sucediendo en el Congreso, donde los hoy aliados del Gobierno, algunos de los cuales aprobaron en su momento la Ley Estatutaria de la JEP, incluyendo los artículos objetados, descalifican y demonizan a quienes controvierten sus ideas. Los odios y la intolerancia política impiden que los pesos y contrapesos funcionen adecuadamente.

A pesar de sus reiteradas declaraciones de Duque como candidato y como presidente, en el sentido de querer promover un gran pacto entre los colombianos como un mecanismo para acabar con la polarización, los hechos parecen controvertir esta intención.

Finalmente, Levitsky y Ziblatt afirman que “una de las grandes ironías de cómo mueren las democracias es que la defensa misma de la democracia con frecuencia se utiliza como un pretexto para subvertirla. Autócratas en formación frecuentemente usan las crisis económicas, los desastres naturales y en especial las amenazas a la seguridad (…) para justificar medidas antidemocráticas”. Si bien estas acciones pueden incidir positivamente en la popularidad de los gobernantes, también pueden convertirse en riesgos para la democracia. Ojalá que la crisis de Venezuela no esté sirviendo a estos propósitos.

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2019-03-14T00:00:52-05:00

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2019-03-14T00:15:01-05:00

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