Por: Columnista invitado

La inteligencia colombiana

Por: María González*

Veo con preocupación a la inteligencia colombiana, y esta vez no como producto de la autorreflexión. En un artículo publicado en un periódico nacional, un intrépido que no decrépito periodista como hay quien afirma por ahí, pone al descubierto, gracias a la información de unos temerarios infiltrados, que “el partido político de las FARC en nada va a parecerse a los que hemos conocido en Colombia. Su objetivo único y último es la toma del poder”. ¡Qué bestialidad!

Por si esto fuera poca cosa, mostrando una audacia ejemplar, su revelación es de no creer: ahora los antiguos guerrilleros disputarán el poder dentro de la institucionalidad democrática, y para ello, acudirían a alianzas y apoyos con diferentes sectores políticos. ¡Indignante!. Pero ahí no acaba la cosa... A renglón seguido, la fuente en cuestión (desde varios ángulos) afirma que, en dado caso, en los territorios donde las FARC salgan electoralmente victoriosas, administrarían los recursos económicos, como lo hacen todos los alcaldes y gobernadores y, ténganse todos, enfatiza: ¡lo harían con miras a construir fortines políticos! ¡Qué porquería! ¡Es el colmo!

¿De verdad alguien requirió infiltrarse y ocultar su rostro para descubrir una noticia pública, que le ha dado más de 80 vueltas al mundo (o parecido); que se ventiló durante cuatro o cinco años seguidos, y que cualquier ciudadano puede consultar simplemente en la legislación nacional, o con su cacique electoral de cabecera (municipal o regional)? Serán guayabas… (verdes). Lo peor de todo, ¡damas y caballeros de sociedad, es posible que “la exclusiva” del infiltrado haya sido paga con nuestros impuestos! Esa platica se perdió. ¡In - cre - í - ble! En fin. En el mejor de los casos, para nuestros bolsillos y sobre todo para los servicios de espionaje y contraespionaje, tan reputados en el país desde hace algunos años, el infiltrado no existió y el impoluto periodista la noticia se inventó. Y es que solo el autor intelectual de un manual de idiotas podía imaginarla… o creérsela. Crucen los dedos.

Pero los problemas de inteligencia no solo afectan al entrevistado-entrevistador. Ciertamente es preciso resaltar que, gracias a nuestra inteligencia, los criminales en Colombia no la tienen fácil. Para conmocionar al país, o al menos a las autoridades, no es suficiente matar por centenares a personas del mismo perfil político, social o ideológico. Fíjese usted... En el ejército, la policía y la fiscalía los criminales tienen que pasar una dura prueba epistemológica si desean que su acción asesina no sea considerada de poca monta. En efecto para que la acción criminal adquiera importancia, y de paso sus víctimas reales y potenciales se vuelvan también importantes, se requiere estar organizado, coordinado, ejecutar listados en orden alfabético; en lo posible con la misma arma; a la misma hora; de forma ininterrumpida, en la misma localidad, y no por ello menos importante, portar con altura un uniforme. Ese es el orden de las cosas. De lo contrario pueden matar a cientos y no será más que una modesta acción de delincuencia, de la común, de la aleatoria y simple, de esa que no irrita a nadie, y menos si es hacia los mismos de siempre, a saber, líderes o activistas populares y de derechos humanos. Lo demás son patadas de ahogado y mamerto… Para nuestra inteligencia, y no solo la institucional, en Colombia lo único sistemático (eso si demostrado con cámara y todo) y a todas luces alarmante es el robo de celulares. Ciertamente ese sí es un problema que nos compete a todos y no solo cosa de casos aislados. Su gravedad es solo similar al comunismo, de pensamiento y obra, al que deberían decretar sistemáticamente como ilegal, para que de una vez se regresen al monte, de donde no han debido salir nunca.  ¡Ah bestias!

El problema de la inteligencia en Colombia es cada día más grave… Nuestro impoluto periodista de marras tiene material para un nuevo tomo de su libro, y fijo se venderá por montones.

 

*[email protected]
mariaanonimagonzalez.blogspot.com.co

 

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