Por: Iván Mejía Álvarez

La irregularidad

Dante Panzeri, un magnífico escritor argentino de la época grande de El Gráfico, cuando esta revista era el ícono del periodismo suramericano, acuñó una frase que fue famosa durante un buen tiempo: "Fútbol, dinámica de lo impensado".

El campeonato colombiano responde exactamente a esa frase de Panzeri: nuestro fútbol es absolutamente irregular, extraño, donde cualquiera le gana a cualquiera, donde no hay un equipo grande en fútbol que se destaque en el nivel de mediocridad.


Algunos dirán, con toda razón, que es preferible un torneo así, irregular, nivelado por lo bajo, que uno bipolar, como sucede en España donde gana el Real Madrid o vence el Barcelona, o en Inglaterra, donde el yugo del Manchester United hace ver chicos a planteles como Chelsea, Arsenal, Liverpool o ahora el Manchester City. O el fútbol de Escocia donde gana Glasgow Rangers o vence el Celtic. O el dominio de Milan, Inter y la Juve en Italia. Algunos dirán, volviendo al tema, que es mucho más interesante un campeonato abierto, con muchos candidatos, que un torneo cerrado a tres o cuatro nombres.


Se juega mal, se ven pocos partidos interesantes, la gente sigue sin asistir a los estadios y el nivel técnico es bastante flojo. Más allá del hinchismo, que hace a los aficionados ver cosas buenas donde no las hay, cosas del sentimiento popular, el torneo muestra equipos con poco volumen de juego, con movimientos tácticos repetitivos, sin creatividad y sin talento para abrir defensas cerradas.


Los veteranos que regresaron ocupan puestos importantes y en este fútbol colombiano de hoy se ven equipos como el América, lleno de prehistóricos: Tigre Castillo, Bustos, Jersson González, Banguero como estandartes de unos imberbes sin experiencia alguna. En casi todos los equipos la mezcla veteranía-inexperiencia produce resultados amorfos y poco identificativos. Es cierto, se ven buenos goles, remates magníficos que terminan en la red, pero son temas aislados, casi nunca producto de acciones colectivas. Golazos como los de Mosquera y Ómar Pérez son consecuencias del valor individual antes que el colectivo.


La histeria directiva sigue predominando y los técnicos salen y entran de sus puestos. Este torneo ha sido terrible para los entrenadores que ayer eran auténticos “mesías” y tres fechas después están en la calle producto de malos resultados. No hay tiempo para “procesos”, tan sólo proyecticos que se desploman cual castillo de naipes.


Ese es el fútbol colombiano de ahora, “dinámica de lo impensado” como diría Panzeri, donde los que hoy están arriba mañana pueden estar abajo y donde gana cualquiera.

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