Por: Francisco Gutiérrez Sanín

La izquierda al borde de un ataque de nervios

LA SANCIÓN A SAMUEL MORENO TIEne implicaciones políticas de largo alcance. Estas son independientes del debate legal, aún en curso.

 

Careciendo de formación jurídica, ignoro qué tan ciertas, o creíbles, sean las evidencias que presenta Samuel Moreno en el sentido de que se le ha violado el derecho a la defensa. Podría ser: el procurador Ordóñez no es un dechado de ecuanimidad. Pero el desenlace en este terreno está relacionado con otros ritmos y otras dinámicas. Por el momento, contamos con unos hechos políticos cumplidos, de bulto, que es preciso analizar.

El primero de ellos es el descarrilamiento de un espectacular (aunque limitado; pero es que todo lo es) proceso de renovación urbana en Bogotá, concebido y desarrollado durante una década por políticos innovadores de centro. El segundo es que el principal culpable de aquel descarrilamiento es una administración del Polo Democrático Alternativo (la anterior, de Garzón, ya había sido problemática e inerte en muchas áreas claves), la más importante experiencia de izquierda legal de la historia de Colombia.

No se trata, pues, de cosas pequeñas. Tampoco creo que sean muy controversiales. Que alguno de los señores Moreno sea o no corrupto es cosa abierta a debate; de hecho, por lo menos en el caso de Samuel, no estoy muy seguro. Que Samuel Moreno haya sido un pésimo gobernante y un peor comunicador, que haya reintroducido en la capital prácticas de gobierno que se creían superadas, que haya cogobernado con el flamante Partido de la U y con otras fuerzas no particularmente “alternativas”, que haya interactuado alegremente con la turbia trinca de contratistas del uribismo, una trinca que se robó un montón de dinero y entre otras muchas cosas acabó con una vía bella y rápida que era un patrimonio colectivo, no sólo no aguanta diez minutos de discusión sino que era cosa bien sabida desde hacía mucho tiempo. El único que no vio eso, pese a que se lo contaron las más diversas personas, en todos los tonos posibles, fue la dirección del Polo Democrático. Está bien dejar en el pasado las veleidades doctrinarias, ¿pero tenían que cambiar a Marx por Shakira? (Una fuerza “ciega, sorda y muda”).

Ese partido queda ahora seriamente deteriorado, y sale definitivamente del juego en Bogotá, por lo menos en el corto plazo (para peor, el Polo siempre estuvo muy concentrado en la capital). Como persona convencida de que la democracia de este país es mucho, mucho mejor si hay una alternativa crítica, consistente y seria de izquierda legal, no puedo dejar de evaluar el evento de manera muy negativa. Ahora toca escudriñar sus causas. Que esto sirva para que un grupo de personas se haga las preguntas que son, e intente responderlas de manera sensata. Creo que el Polo ha exhibido tres problemas fundamentales. Primero, increíblemente, un desprecio ostensible por la función de gobierno. Segundo, se ha dejado guiar por la idea primitiva, a la vez maliciosa e ingenua, de que la función de la izquierda no es promover y profundizar la equidad y la democracia, sino embromar al gobierno nacional de turno. Tercero, ha mantenido una grosera contabilidad por partida doble: un problema endémico, pero que obviamente se hace más visible cuando al fin un partido se vuelve electoralmente relevante.

Petro, que sostiene valores de la izquierda, había advertido lo que se venía. Pero esto, de manera no tan sorprendente, le va a valer muchos odios y pocas palmas (espero poder volver al tema). Si alguien quiere de verdad recomenzar de cero, puede crear el club de aquellos que jamás se reunieron con los Nule. Será un grupo muy pequeño, pero selecto.

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