Mujeres del Putumayo transforman el territorio lejos de la coca

hace 4 horas
Por: Santiago Villa

La jugada de Trump en Irán

Sí, el asesinato de Qassem Soleimani fue una maniobra propia de mafiosos. Sí, es condenable por su ilegalidad, su irresponsabilidad, su temeridad y su irrespeto al orden internacional. No estoy seguro, sin embargo, de que esté llevando a lo que muchos temían: un Medio Oriente más turbulento que antes y a una confrontación bélica entre Estados Unidos e Irán.

Quise escribir sobre este tema la semana pasada, pero me contuve, porque he tenido la sensación de que a esta historia le falta algo. Muchas de las interpretaciones se mueven sobre un terreno de simplismo o toma de bando, que oscurecen lo que puede estar sucediendo.

Las opiniones responden a un reflejo de antiimperialismo americano o al menos indignación con los abusos de Estados Unidos, con el que simpatizo; a una postura anti-Trump, con la que también simpatizo; y a una preocupación por la inestabilidad que esto puede suponer para la región, en la que solo hasta cierto punto termino de creer.

Y en el bando contrario, con el que no simpatizo, las opiniones responden al reflejo de querer mostrar un Estados Unidos fuerte; al impulso de castigar al régimen de Irán por las agresiones del último año contra Estados Unidos y Arabia Saudita; a considerar que el asesinato estaba justificado porque Soleimani era un “monstruo”; o simplemente a creerle a Donald Trump una afirmación que su gobierno no ha podido demostrar: Soleimani estaba a punto de atacar embajadas de Estados Unidos en la región.

He visto pocas opiniones que desafíen prejuicios o preconceptos, y voy a recomendar la lectura de éstas, porque lo extraño es que en el desarrollo de este homicidio la turbulencia ha devenido en calma. Esta es la palabra que utiliza Martin Chulov, corresponsal del Medio Oriente para The Guardian, para describir la situación actual: “En el corazón de las áreas de extraordinaria influencia del general iraní se siente, hasta ahora, una misteriosa calma”.

Es posible que sea la antesala a la prometida “retaliación” de Irán. También, que la jugada irresponsable de Trump haya tenido, en parte, un efecto pacificador; al menos en el corto plazo. Quizás era tan inesperada e imprudente que nadie sabe ahora cómo reaccionar. Bobby Ghosh, miembro del comité editorial de Bloomberg, dice que hay dos factores con los que el régimen iraní no contaba, que ahora alteran su capacidad de respuesta. El primero, que Soleimani, el personaje que hacía de cerebro para este tipo de operaciones, está muerto. El segundo, que Trump responde con agresiones directas a las provocaciones iraníes.

Juega también la vergüenza del régimen iraní. A pesar de las palabras incendiarias de Irán, no hubo una reacción significativa luego del asesinato de Soleimani, sino error tras error, que causaron más de un centenar de muertes iraníes. Casi dos semanas después de que Irán juró una retaliación, no ha muerto un solo americano (Irán ha procurado que eso no suceda avisando sobre sus ataques vengadores con antelación), y en cambio han muerto, al menos, 132 iraníes, a causa de los actos u omisiones del gobierno de Hasán Rouhaní.

Si la semana pasada vimos multitudes aupadas por el gobierno, tan mal organizadas que provocaron una estampida mortal, esta semana vimos protestas contra las mentiras de este mismo gobierno, que negaba haber derribado el avión de pasajeros ucraniano.

Hasta ahora el desarrollo de este asesinato ha sido más perjudicial para la imagen del gobierno de Irán que para la imagen de Donald Trump, que incluso parece haber salido favorecido. Los demócratas en su país también están haciendo malabares para argumentar que el asesinato de Soleimani es perjudicial para la política exterior estadounidense y para el Medio Oriente.

No termina de ser claro para mí que Donald Trump, el único presidente estadounidense de las últimas décadas que no ha derrocado a un gobierno extranjero, necesariamente quiera una guerra con Irán. Más bien parece haber jugado una carta aparentemente arriesgada, y a la postre muy segura. Si había retaliación de Irán y morían estadounidenses, la indignación anti-Irán en su país le ganaría puntos electorales; y si sucedía lo que hemos visto, que el régimen de Irán agacha la cabeza ante el golpe, pues Trump gana puntos electorales.

Sea como fuere, la región, con Soleimani o sin él, es un polvorín, así que cualquier calma seguramente será de corto plazo. Que ahora sea más turbulento que antes, no sé. Ya veremos.

Twitter: @santiagovillach

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2020-01-16T00:00:30-05:00

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