Por: Andrés Hoyos

La justicia del error

El anuncio en el camino decía: “para triunfar en primera vuelta, gire a la izquierda”, pero el carro en que iba Iván Duque giró a la derecha. Bendita sea su miopía. Eso de penalizar la dosis personal puede que suscite ¡hurras! en alguna familia ultracatólica de la provincia antioqueña, cuyos votos Duque ya tenía en el bolsillo, pero pone a dudar a cualquiera con un gramo de liberalismo en el cerebro, quien entiende la barbaridad de echar a la cárcel a miles de muchachos por fumarse un cigarrillo de marihuana mientras California legaliza la hierba y construye imperios comerciales a su alrededor. No se puede ser tan dócil ante Trump y sus fiscales belicosos. ¿Y qué tal la idea de satisfacer los odios de Uribe y desmontar el sistema de las altas cortes poniendo en peligro la tutela? Esto demuestra, además, que el canoso y elocuente senador realmente no conduce su campaña, sino que mandan en ella esas almas oscuras que lo rodean e incluso lo vigilan. En todo caso, el tal triunfo de Duque en primera vuelta se desvanece en medio de las propuestas vengativas del Centro Democrático.

Un empujoncito lleva a otro empujoncito, varios empujoncitos llevan a un gran empujón y de repente el centro, que hace apenas tres semanas parecía inviable, ha vuelto a ser opción para el 27 de mayo. ¿No le gustan a usted el referendo constituyente ilegal de Petro para el 8 de agosto ni su idea de revocar el Congreso en el que carece de bancada, pero tampoco le gustan las venganzas furibistas contra las libertades y la Constitución del 91? Le aseguro que no está solo. Por fortuna los caudillos son narcisos y prefieren perseverar en el error y ser vapuleados por cometerlo, en vez de retractarse. Como ya lo comprobó Petro, tampoco Iván Duque va a moderar sus propuestas radicales. Horrible actitud esa que no le permite a uno echar reversa y decir: me equivoqué.

Hasta Vargas Lleras ha tomado un nuevo aire en estos días, si bien los votos de derecha sencillamente no alcanzan para poner al N°1 y al N°2 en primera vuelta. Lo que queda pendiente es saber si pasa el centro o pasa la izquierda antinstitucional de Petro. A mí me gustan Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, pero como no se unieron, votaré por el que vaya adelante en las encuestas quince días antes de las elecciones. Los hay por ahí que consideran esta opción obvia. No lo es. Existen los puristas que, sin saber a qué horas, harán que gane uno de los dos extremos en cambio de votar por el candidato de centro que menos les gusta. La paradoja, en todo caso, es que la primera vuelta va a resultar más importante que la segunda. ¿Por qué? Porque una segunda vuelta entre Duque y Petro la gana casi con seguridad el primero, mientras que una segunda vuelta entre Duque y Fajardo, el candidato hasta hoy mejor posicionado de centro, está muy lejos de haberse decidido. Ya Adriana La Rotta mencionó el caso reciente de Costa Rica, donde un ultramontano que iba a arriba en las encuestas fue vapuleado en segunda vuelta por Carlos Alvarado, el candidato de centro.

Esperemos lo que falta de campaña, veamos los debates, crucemos los dedos para que nuestros predilectos tengan un buen desempeño y miremos las encuestas que, pese al desprestigio y los descaches, saben algo más que un votante aislado. La unión la tenemos que hacer nosotros, de facto, escogiendo una estrategia bicentral en vez de la bipolar que ha venido predominando hasta ahora. Eso haré yo.

[email protected], @andrewholes

 

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