Por: Cecilia Orozco Tascón

La (in) justicia del ‘rey’

EN OTRAS LATITUDES LA MENTIRA es falta gravísima, y similar a la que se les iba a imputar a los ministros del Interior y de Protección Social hasta cuando el titular de la Procuraduría de ese momento se echó para atrás, vaya usted a saber por qué.

Tan grave es la mentira en boca de un funcionario, que a quien no dice la verdad en un Estado serio, le cuesta su carrera pública. Aquí el engaño es pan diario. Sin embargo, teníamos la esperanza de que en instancias de tan alto simbolismo moral como el del Ministerio Público, eso no ocurriera. Pero la ilusión se desvaneció con la existencia confirmada de un proyecto de fallo que, según reveló Semana, estaba listo para la firma del anterior Procurador. Allí se decidía la destitución e inhabilidad de entre diez y trece años, de los ministros Pretelt y Palacio, y del viceministro Angarita. Ya se sabe que, una vez cambiado el jefe del despacho, tal proyecto se modificó tanto que llegó a la absolución. Y todos tan tranquilos.

Mintió el ex procurador Maya, mintió el procurador Ordóñez o mintieron los dos. Ésa es la deprimente conclusión que resulta de examinar las decisiones e indecisiones, y las declaraciones que ambos dejaron como rastro de sus conductas en el caso de la yidispolítica, caso que debería ingresar a la historia de las incongruencias jurídicas.

Afirma el ex procurador el domingo 5 de abril en Noticias Uno: “No le hice entrega de ningún proyecto al doctor Ordóñez. Él mismo puede testimoniarlo”. Testimonia el actual Procurador, el lunes 6 de abril en Caracol Radio: “El proyecto de fallo me lo entregó a mí el doctor Maya…”. Asegura el ex procurador el domingo: “Ese proyecto debió ser un borrador que pudo ser elaborado en la Procuraduría y del cual no hice ninguna valoración”. Responde Ordóñez el lunes: “Sé que lo elaboró el doctor Maya”. Las contradicciones no cesan. Añade Ordóñez: “Ahí se quedó (el proyecto de fallo). No lo tuve en cuenta”. Ratificaba así su primera frase de ‘monarca’, cuando lo entronizaron en el Congreso: “El nuevo Procurador no lee proyectos. Los hace, los elabora… manosea las pruebas...”. Tiene razón Ordóñez en cuanto al manoseo: borró de su texto las evidencias de compraventa de votos que tuvo en cuenta la Corte Suprema en el proceso de Yidis, y que sí fueron incorporadas al proceso disciplinario. En cambio, el Procurador no cumplió su palabra en lo que se refiere a “no leer” el proyecto: más de 50 páginas del escrito de Maya fueron leídas y traspasadas idénticas al fallo de Ordóñez, aunque fuera sólo como relleno. El resto fue reelaborado para poder declarar inocentes a los ministros de haberles pagado a Yidis y Teodolindo sus votos a favor de la primera reelección de Uribe.

Parte del proyecto Maya que se sacó del fallo de Ordóñez: “Suficiente evidencia se consigna en la investigación respecto a la permanente interferencia del Ministro del Interior y del Director de Asuntos Políticos del Ministerio, en la voluntad de voto de la congresista Yidis Medina”. Parte escrita en vez de la anterior: “No se configura el cargo disciplinario dado que no se acreditó que los disciplinados hayan utilizado sus designios públicos para obtener un beneficio para sí y para otro… ejerciendo coacción en el voto final de la congresista”.  Desdeñosamente Ordóñez se autoproclamó dictador: “A rey muerto, rey puesto”, sentenció, para explicar por qué el proyecto de Maya vale huevo, más allá de las motivaciones jurídicas que tuviera. La suya es una ‘justicia’ arbitraria porque se cree intocable. Y lo será, salvo que actúe su propio juez disciplinario: la Corte Suprema.

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