Por: Darío Acevedo Carmona

La justicia una “maleza” para las Farc

En tono perentorio, Iván Márquez exigió al gobierno colombiano “retirar toda la maleza jurídica que han atravesado como una mula muerta en el camino de la paz” y que todos los “intervinientes en la guerra” por igual, les pidan perdón a las víctimas.

Días más tarde, con lenguaje igual de intolerante que el gubernamental, las FARC regañaron a los generales retirados y a la Oposición espetando desafiantes “ya que no pudieron resolver el conflicto por medio de una guerra sin cuartel; entonces dejen hacer la paz”.

Las FARC se dan el lujo de burlarse de temas de la mayor relevancia en la negociación como los relativos a la aplicación de justicia, reconocimiento de las víctimas y el derecho de la Oposición y la opinión pública a formular críticas a esos diálogos infructuosos.

Hábiles y astutas han sacado ventaja de declaraciones del presidente Santos, de ministros, del equipo negociador y del Fiscal General en el sentido de que ninguna guerrilla en el mundo ha negociado para ir a la cárcel, que todos los crímenes de las guerrillas son conexos con el delito político de rebelión y que las críticas a las negociaciones son un estorbo.

Al tildar de “maleza jurídica” las normas nacionales e internacionales sobre conflictos armados y terrorismo, los jefes farianos pretenden cerrar, de una vez y para siempre, cualquier pretensión de pagar cárcel por sus crímenes, puesto que con sus acciones bélicas, dicen, nunca pretendieron hacerle daño a la población civil.
Sus desaforadas aspiraciones revelan una estrategia diseñada con filigrana por miembros del Secretariado. El primer paso de ella consistió en haber obtenido reconocimiento de contraparte y sentarse de igual a igual con el gobierno. El segundo, en acordar una agenda en apariencia limitada, pero elástica como un caucho.

El tercero, la aplicación de la operación tortuga en la Mesa y en la redacción parsimoniosa de asuntos secundarios o abstractos. El cuarto paso, en lograr reunir a miembros del Secretariado y el Estado Mayor que, visto por el asesor oficial, Joaquín Villalobos, como muestra de debilidad, ha representado en realidad la ocasión de rehacer, rectificar, reorganizar y replantear sus problemas de táctica y estrategia y, hasta de salud. Han limado asperezas, despejado dudas internas, y perfeccionado y acomodado su política negociadora en la más prolongada y tranquila conferencia nacional de toda su historia.

A medida que la negociación transcurría, detectaron las flaquezas, afanes y debilidades del contradictor y tomaron conciencia de que podrían llegar cada vez más lejos en sus exigencias. Por ejemplo, aprovecharon la urgencia del presidente para reelegirse. Juegan bazas políticas con eficaz astucia, como presionar el cese bilateral del fuego a partir de la declaración unilateral del mismo sin incluir el cese en actividades “conexas” de narcotráfico, extorsión, reclutamiento de menores y compra de armas.

Intensos deben ser los debates, en esa conferencia, sobre el manejo que se le debe dar a cada problema o asunto de la Mesa. No es raro en reuniones de comunistas, así estas sean jerarquizadas, que se presenten divergencias e incluso que se formen tendencias. No faltarán los que creen posible salir limpios e inmaculados en materia jurídica y hasta con representación en organismos del Estado y constituyente a su medida y numerosos cupos propios. Por supuesto, también, sobre el destino de las armas, la reubicación de sus cuentas en paraísos fiscales y el manejo de los “negocios” y dineros para cuadrar caja.

Y es que jugar con la prisa de la contraparte es un principio clave en negociaciones de este tipo, en eso son duchos los comunistas. De modo que no es un desatino pensar que una línea dura se ha impuesto en la conferencia guerrillera y que por ello ya ni se preocupen por “dorar la píldora”. Saben que tienen la sartén por el mango, que el presidente Santos es capaz de acceder a todas sus demandas. Le cobrarán bien caro darle un sí para la fiesta mundial que ha preparado con estrambóticos costos de la que ya no podrá bajarse. Lo único que falta para que se consagre el anhelado matrimonio es el sí de las FARC, el novio, pero el padre de la prometida no esperaba que el pretendiente exigiera mayor dote que la ofrecida en principio.

CODA: Mientras la mayoría del país celebra con espíritu religioso la visita del gran Pastor Francisco, furibundos anticlericales, agnósticos e irreligiosos, en contradicción con su laicidad, quieren darle un barniz político al acontecimiento. ¿Esperan que el Papa oficie el matrimonio?

Darío Acevedo Carmona. Abril 6 de 2015

 

 

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