Por: Óscar Sevillano

La lección que nos dejan Angelino Garzón y Germán Vargas Lleras

La lección más grande que dejan las vicepresidencias de Germán Vargas Lleras y Angelino Garzón, ambas del Gobierno de Juan Manuel Santos, es que no se debe seguir escogiendo fórmulas para aspirar a la Presidencia pensando únicamente en el mero cálculo electoral.

Ojalá que estos casos les sirvan a los candidatos presidenciales para no escoger una persona que les asegure el primer cargo del país, sin importar qué tan afín es a su proyecto de país, sino más bien para invitar a un compañero de lucha, a ser su coequipero de principio a fin.

Puede el presidente Juan Manuel Santos decir y asegurar que Germán Vargas Lleras es el más fiel de las personas que le han acompañado en su Gobierno. Todos sabemos que eso es falso. Siempre fue evidente que el hoy exvicepresidente fue funcionario de la actual administración,con la única intención de mantenerse vigente y rehacer su red politiquera y clientelar, con miras a una próxima campaña electoral.

La diferencia con Angelino es que Vargas Lleras hizo oposición desde la Vicepresidencia de manera solapada, y en cambio el primero la ejerció de manera abierta y sin miedo. Pero al final de cuentas, ninguno de los dos estaba de acuerdo con el proyecto de país que tenía Juan Manuel Santos, tanto es así que ambos hoy se encuentran lanzando críticas y dardos venenosos a quien un día los llevó al segundo cargo de la nación, después de la Presidencia de la República.

Ojalá que casos como el de Germán Vargas Lleras y Angelino Garzón no se vuelvan a repetir, porque es muy triste ver cómo altos funcionarios de la nación se aprovechan de sus cargos para ordeñar la vaca, y cuando queda muy poca leche para extraer salen a decir que esta no les gustaba.

Angelino Garzón fue un político que mientras fue vicepresidente del Gobierno Santos se dedicó a llevar la contraria públicamente a la administración de la que hacía parte, desafiando incluso a los ministros del gabinete al interior de las reuniones en los consejos de ministros, recordándoles que ellos estaban por nombramiento y que en cualquier momento se podía prescindir de sus servicios, y que él fue elegido vicepresidente por votación popular, y que aunque no les gustara tenían que aguantarlo.

Germán Vargas Lleras, por su parte, se dedicó a trabajar en el tema de infraestructura. No se puede desconocer que mientras estuvo en el cargo logró ejecutar una serie de obras de gran importancia para el país, haciendo buen equipo de trabajo con muchas personas, incluso  con quien en alguna ocasión tuvo fuertes discusiones como Simón Gaviria, quien para ese momento fue director nacional de Planeación.

Como vicepresidente Vargas Lleras no solo coordinó la ejecución de grandes obras de infraestructura, sino que además tuvo la capacidad de decidir a quién sí y a quién no se contrataba. Que no me venga a decir que el exvicepresidente no tuvo ninguna injerencia en la contratación, que no me crean tan pendejo. Fueron grandes cantidades de dinero las que se movieron y muchos los beneficiados, bueno sería que en aras de la verdad se nos dijera quiénes fueron y qué compromisos se adquirieron a partir de la firma.

Ahora entonces que se exprimió la teta de la vaca y se le sacó gran cantidad de leche, que sirvió no solo para beberla en vasos llenos, sino para hacer enormes bloques de queso, mantequilla y kumis, a Vargas Lleras ya no le sirve esa vaca, y ahora pretende lucir hipócritamente no solo de independiente, sino también de alérgico a la lactosa, criticando al Gobierno del que fue su segundo a bordo, diciendo que no está de acuerdo con el principal legado que deja Santos al país: la paz con las Farc.

Bien pudo Vargas Lleras renunciar al cargo de vicepresidente de la República desde el primer momento en que al interior del Gobierno se tomó la decisión de aceptar los primeros acercamientos con las Farc, ¿Por qué no lo hizo?

De todo esto queda una lección y una pregunta. En el primer caso, es que no se puede, ni se debe, escoger una fórmula a la Vicepresidencia pensando únicamente en el mero cálculo electoral, sin antes detenerse a mirar si puede no puede estar de acuerdo con las políticas que desde un futuro gobierno se tomen. Y por último, ¿realmente es necesaria la figura del vicepresidente en Colombia?

Lo anterior lo digo porque resulta vergonzoso ver al segundo a bordo al interior de un Gobierno haciendo oposición bien sea de manera solapada o de frente como en el caso de Angelino Garzón, mientras alimenta el estómago con la leche que suelta la vaca.

@sevillanojarami

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