Por: Manuel Guedán

La legislatura que comienza

Ha comenzado la décima legislatura de la democracia española, la que va a tener que hacer frente a una crisis económica y a otros problemas de envergadura. Un gobierno eficaz es imprescindible pero, además, las fuerzas políticas tendrán que llegar a acuerdos de Estado para afrontar lo que se nos viene encima.

En la legislatura anterior, al gobierno le faltó coherencia en la agenda y rendimientos tangibles en varias de sus principales políticas. Hubo más improvisación que planificación y, tal vez por eso, el presidente José Luís Rodríguez Zapatero no alcanzó la mayoría absoluta en estas segundas elecciones, rompiendo así lo que fue  una tradición en los gobierno de Felipe González y José María Aznar.

A pesar de eso, es evidente que Rodríguez Zapatero cuenta con el apoyo de un alto porcentaje de ciudadanos y, lo que es casi más importante, es consciente de los errores cometidos y parece que ha aprendido a manejar la agenda de prioridades y a rodearse  de un buen equipo, a juzgar por sus declaraciones de estos días. Por otra parte, el PSOE es la única fuerza política que no está en crisis y Rodríguez Zapatero es el único líder que no está cuestionado por ningún sector de su partido.

Los pactos con la oposición para afrontar las cuestiones más perentorias -crisis económica, acuerdos sobre la inmigración, cohesión de nuestro ordenamiento jurídico tras la ampliación de los Estatutos de Autonomía y terrorismo- van a ser más difíciles, precisamente por la inestabilidad de los otros partidos, tanto de los dos nacionales –PP e Izquierda Unida- como de los nacionalistas vasco y catalán. Con los primeros porque entres sus filas hay diversas maneras de entender la forma de hacer oposición y con los segundos porque tienen dos almas: la soberanista y la autonomista y la primera aspira a la independencia.

La crisis económica nacional e internacional va a tener –está teniendo ya- repercusiones negativas en la inversión y en el empleo. Nuestra economía, además, es especialmente sensible a la subida de los precios de la energía y de otras materias primas, como los alimentos, y en ella tiene mucho peso el sector de la construcción, que es uno de los más afectados. Por tanto, la superación de la crisis tiene que llevar aparejado un cambio en el modelo productivo, que nos permita aumentar nuestra competitividad. También es necesario llegar a un pacto social, un acuerdo entre empresarios y sindicatos, para tratar de mantener los niveles de empleo.

En los últimos cuatro años,  el empleo subió de forma espectacular. Se incorporaron al mercado laboral 727.821 inmigrantes y se regularizó a 600.000 personas. Además, de los españoles, encontraron trabajo 1.300.000 extranjeros, una cifra muy alta para nuestro país. Es difícil repetir estos resultados en la próxima legislatura, pero para tratar de paliar la crisis el presidente Zapatero ya ha anunciado un aumento de la inversión pública en infraestructuras y viviendas.

Pero no somos el país peor parado de Europa. Nuestro sistema financiero goza de buena salud y tenemos un superavit del 2,5 por ciento del PIB. Eso en cuanto a la economía. En cuanto a la política, parece que la estabilidad del gobierno está asegurada. Sólo falta que el Partido Popular, la principal fuerza de la oposición, con mucha diferencia, logre en su congreso del próximo mes de junio consolidar el liderazgo de Mariano Rajoy y que diseñe una política de oposición menos catastrofista y homologable con las posturas de los conservadores europeos.

Universidad de Alcalá

 

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