Por: Columnista invitado

La letra menuda

Por: Iván Garzón Vallejo

La reacción de algunos defensores del Acuerdo en contra de la sentencia de la Corte Constitucional que declaró inexequibles dos artículos del fast track ha sido previsible (Farc), desconcertante (De la Calle) e irresponsable (Semana).

Que por cuenta de este revés jurídico las Farc se consideren como “el Cristo a crucificar” y acusen a la Corte de actuar “de modo sospechoso” no sorprende. Aunque es un hecho que el proceso de implementación, que no solo incluye fallos judiciales sino la improvisación e ineficiencia del pomposo Ministerio del Posconflicto, genera incertidumbre en la guerrillerada, los cabecillas de la organización están muy curtidos en la cosa política como para que creamos que apenas ahora se enteraron de que una democracia liberal republicana se define por la separación de poderes y que acá no manda un monarca.

Pero sí es desconcertante el alcance que le dieron a la decisión defensores del Acuerdo de este lado de la mesa. Humberto de la Calle consideró que la implementación quedaba “en jaque” y el otrora arquitecto de una Constitución cuyo diseño institucional erigió a la Corte Constitucional en última instancia de las decisiones estatales no ocultó su disgusto porque los jueces no validaran la tesis según la cual la paz está en la cúspide de la pirámide jurídica.

De otro lado, la revista Semana señaló que el desencanto de la guerrilla con la promesa de la paz “sería el comienzo de una nueva era de violencia”, y su columnista María Jimena Duzán se quejó no solo porque la decisión había dejado el acuerdo del Colón como “letra muerta” sino porque “por temor a lo que le puede traer la paz, (el país) prefiere verlos de nuevo con sus fusiles antes que haciendo política en el Congreso colombiano”. ¿Hasta cuándo los amigos de la paz van a fungir como profetas de la violencia? Atribuirle a una decisión de las instituciones legítimas la causa de futuras violencias es francamente irresponsable.

Las tres reacciones, sin embargo, se explican por el mismo error conceptual: convencidos de que la paz es un “derecho-síntesis” que está por encima de todos los derechos, principios y valores políticos, los defensores del Acuerdo omitieron leer la letra menuda de la democracia: el pluralismo. En una democracia liberal, ningún valor es absoluto, ningún acuerdo, por histórico que sea, anula otros ideales legítimos que la sociedad persigue, y por eso, cuando un valor se pone por delante de los demás, como aún no ha logrado hacerlo la paz, es de modo provisional, mediante un acomodo razonable que se revisa constantemente para que no devenga en despotismo. Luego, en las democracias no hay derechos-síntesis.

Esta letra menuda advierte también que las Cortes y el Congreso deben cumplir su función constitucional, que el presidente tiene contrapesos, que la democracia se caracteriza por la indeterminación del resultado de sus procesos y que las instituciones no se enfilan detrás de una bandera gubernamental, pues si lo hacen, se partidizan y pierden su credibilidad.

@IGarzonVallejo

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