Por: Sergio Otálora Montenegro

La leve sonrisa de Karl…

…Marx. Desde los efluvios, el temprano detector de fantasmas (¿se acuerdan? “Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”) debe de tener una risita nerviosa: en efecto, el capitalismo contenía el germen de su propia destrucción. En las narices mismas de Wall Street, decenas de jóvenes manifestantes, afectados por el desempleo, la pobreza y la desesperanza, protestan contra el motor primordial de la debacle presente: la especulación financiera.

Más que respuestas organizadas, a través de partidos estructurados, con liderazgos fuertes, lo que hay, en varias partes del mundo,  son expresiones de indignación popular: desde Egipto y Túnez, hasta España y Chile,  esta nueva generación, la mayoría educada bajo las mieles al debe del estado benefactor, sale a la calle impulsada por las promesas insatisfechas, por la incompetencia y la venalidad de la clase política, por la ambición loca de los banqueros y financistas y por la profunda irresponsabilidad de los empresarios, que sentados sobre billones de dólares de ganancias (como es el caso de Estados Unidos) se niegan a abrir las compuertas del empleo, bajo la excusa inane de la incertidumbre y el exceso de regulaciones.

Veinte años después del colapso del “imperio soviético”, de la caída en barrena de lo que llamaban, con pompa y circunloquio, el “socialismo científico”, (esa cosa rarísima, llena de tendencias y héroes de barro)   no hay mucho de dónde escoger: China es una dictadura de quinta, con una cúpula dirigente explotadora y codiciosa, agarrada al cascarón del “comunismo” para mantener sus privilegios y desarrollar,  con innegable talento,  un capitalismo de estado que ha resultado ser una máquina imparable, con efectos profundos en el resto de Asia y en América Latina, para no hablar de la gran superpotencia en bancarrota, la Unión Americana,  principal deudora de los herederos ricachones de Mao. Ah y Cuba con sus miserias políticas y sociales, y el caudillismo chavista que, enfermo de cáncer, muestra al mundo los vicios del hombre providencial que cree manejar, con su pretendida mano firme y verborrea circense, los hilos de la historia.

¿Quiénes canalizan esta inconformidad global, auspiciada por los buenos oficios de las redes sociales y alimentada por la rabia?  La transición democrática en Egipto, Túnez y Libia tendrá tanto de tortuosa como de decepcionante; en España,  ni el PP, ni el PSOE, ni siquiera la Izquierda Unida,  logran capitalizar el desmadre, aunque lo más probable es que “los populares” aplasten en las urnas a los socialistas en las próximas elecciones del 20 de noviembre. El mismo juego fatuo de siempre.

En Chile, tanto los partidos de la Concertación como el gobierno de Piñera experimentan un enorme desprestigio en medio de la huelga general de los estudiantes, quienes a punta de protestas han llegado a la mesa a negociar con el ministro de Educación. Los jóvenes llevan  un proyecto de educación gratuita,  mientras los representantes del primer mandatario  hablan de un presupuesto, para el año 2012,  de más de 11 mil millones de dólares. El pulso va para largo, y sin duda la gran cuenta de cobro cae sobre los socialistas, quienes en cuatro lustros de gobierno (o cogobierno) permitieron que, al lado del desarrollo económico, Chile fuera uno de los países con mayor desigualdad en América Latina.

En Estados Unidos, hay quienes hablan de la necesidad de un tercer partido, que logre convertir los altos niveles de escepticismo y descreimiento en expresión política. Sin embargo, por fuera de republicanos y demócratas se mueven organizaciones no gubernamentales muy poderosas, sindicatos, iglesias, confederaciones, que presionan a los partidos, y a sus congresistas, para que legislen a favor de sus intereses. Pero los grandes capitales financieros e industriales,  los que están detrás de la extrema derecha beligerante,  no quieren saber nada de inmigrantes, ni de calentamiento global, ni de impuestos que equilibren las cargas. Siguen jugando con fuego, sin reconocer que el tal sueño americano cada vez es más lejano para muchos, que la pobreza crece al igual que la falta de oportunidades, que el déficit comercial con la China, y el desmonte del sector manufacturero, han costado, desde el año 2000, 2.8 millones de empleos y, a la fecha, 278 mil millones de dólares.

Qué mundo tan raro: se cae el capitalismo a pedazos sin alternativa creíble a la vista. Por lo pronto, siguen las revueltas, las plazas tomadas y las huelgas. Y el vacío: los líderes no se improvisan.

Buscar columnista