La Ley de Cuotas

En el primer debate televisivo de candidatos a la Presidencia de la República, Sergio Fajardo dirigió al hoy Presidente electo un par de preguntas acerca de sus propuestas para lograr el desarrollo de las mujeres.

Bastante sorprendido, respondió sobre su aprecio y reconocimiento al trabajo de las mujeres, demostrado al rodearse de excelentes profesionales en los ministerios ocupados.

Desde entonces, en el debate electoral brillaron por su ausencia las propuestas relacionadas con la igualdad de oportunidades para las mujeres. Todavía para el país político el desarrollo de las mujeres es un tema marginal con respecto al desarrollo y a la ampliación de la democracia, en contravía de lo que afirman el Banco Mundial y demás organismos multilaterales. “Ignorar las desigualdades por razón del sexo, supone un gran costo para el bienestar de la gente y la capacidad de los países para crecer sosteniblemente, gobernar eficazmente y reducir así la pobreza” (Banco Mundial: 2001).

En estos días previos al cambio de gobierno, es reconfortante notar el interés de los medios de comunicación por el ministro o ministra que ocupará x o y cartera ministerial. Parece natural el interrogante. Esta “naturalidad” periodística es parte del objetivo que perseguía la Ley de Cuotas, al exigir un 30% mínimo de mujeres en los altos cargos de la administración del Estado. Las nuevas ministras dan cuenta de la calidad de la preparación de las mujeres colombianas y su idoneidad para el desempeño en cargos de alta jerarquía pública. Ha sido, entonces, el legado histórico de discriminación lo que ha impedido que las mujeres accedan “naturalmente” a estas posiciones.

Hasta el presente han sido llamadas a dirigir los ministerios de Relaciones Exteriores, Vivienda, Cultura, Educación y están pendientes como futuras ministras la de Salud y la del Medio Ambiente, es decir, casi el 50%, de los ministerios, a más de nombramientos en consejerías y viceministerios. A nadie sorprende. Es parte del impacto cultural logrado a 10 años de haber sido promulgada la Ley 581 de 2000 o Ley de Cuotas. Las críticas a estas medidas afirmativas son irrelevantes frente a los resultados logrados, así todavía falte un buen trecho para cumplirlas a cabalidad.

El Presidente electo ha ido más allá de la Ley de Cuotas. Ahora sólo resta esperar que las ministras sean conscientes de la misión histórica que tienen, de formular e implementar políticas y estrategias ministeriales que disminuyan las brechas de género y fomenten el desarrollo de las mujeres; jalonar a sus colegas para que en conjunto la acción del Gobierno nacional esté dirigida a lograr una mayor igualdad entre los sexos, que disminuya los índices de pobreza. Los países que le han apostado a esta clase de políticas dan fe de los resultados en términos de sustentabilidad del desarrollo.

 Rocío Pineda-García. Medellín.

Envíe sus cartas a [email protected].

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lectores opinan

La cofradía del santo reproche

No entiendo por qué no entienden

Al oído de los conjueces

De igualdades y discriminaciones

De Julio Londoño sobre una columna