Por: Eduardo Sarmiento

La ley de endeudamiento para el crecimiento

La nueva ley de Financiamiento gira alrededor del mismo diagnóstico del anterior. Parte de la premisa de que la actividad productiva puede incrementarse con la ampliación del déficit fiscal. Lamentablemente, se tratan de concepciones que han sido seriamente controvertidas por los hechos de los últimos 40 años.

A raíz de la protesta, el gobierno adiciono una serie de medidas que reducen la carga tributaria de los sectores de menores ingresos. De todas formas, los recortes para estos grupos son mucho menores que los alivios de $9 billones a las empresas. Así se revista de medidas asistencialistas, la reforma tributaria sigue siendo regresiva.

Lo cierto es que la nueva versión, que se justifica en términos del crecimiento, está fundamentada en teorías que han sido controvertidas por los hechos. Se basa en los modelos convencionales que consideran que el desempleo se origina en rigideces laborales. De esa manera, la expansión fiscal puede reducir el salario y aumentar el empleo. Las cosas son muy distintas en condiciones de alto déficit en cuenta corriente. El aumento el déficit fiscal eleva la actividad productiva a cambio de ampliar el déficit en cuenta corriente que a la larga la frena. Se entra en un estado de elevados y crecientes déficits gemelos que incrementan el endeudamiento y no son sostenibles. En algún momento precipitan el disparo de la tasa de cambio o la expansión monetaria descontrolada. No es nada nuevo. La anomalía se presenta en la actualidad en Venezuela y Argentina. Ambos países han operado con déficit gemelos de más de 5% del PIB.

No se ha entendido la lección de América Latina. La región falló en la globalización. Los beneficios se juzgaron a la luz de la adquisición de las importaciones a menores precios. No se advirtió que la competencia internacional propicia estructuras productivas que amplían la brecha de salarios con los países desarrollados. Lo que se gana por adquirir los productos a menores precios en el exterior se compensa en parte por la reducción de los salarios relativos.

El país perdió el norte. Se comprometió en una globalización que le generó un déficit en cuenta corriente que deprime la producción y dispara el desempleo. El producto nacional crece por debajo de las tendencias históricas y el ajuste recae en los trabajadores de bajos y medios salarios. En lugar de reconocer esta realidad y modificar el marco de comercio internacional para reducir el déficit en cuenta corriente, se busca el camino fácil del asistencialismo, la baja de impuestos para las empresas y la igualación del déficit fiscal con el déficit en cuenta corriente.

La ley de Financiamiento no sale de la práctica de introducir cambios improvisados sin propósitos generales definidos. No se puede buscar resultados distintos cuando se hace lo mismo. Ante el fracaso del modelo de globalización, el Gobierno busca preservar el sistema de libre comercio, y más, reforzarlo con la ampliación del déficit fiscal. El remedio resulta peor que la enfermedad. Se configura el modelo déficit gemelos crecientes que conducen a un estado de difícil retorno. 

Lo que se plantea es rectificar el déficit en cuenta corriente ocasionado por las globalizaciones en los países plenos en recursos naturales, con un nuevo modelo comercial, cambiario e industrial que modifique la estructura productiva y la composición sectorial. El modelo constituiría un paso firme para frenar la caída del empleo y de la participación del trabajo en el PIB que acentúan el malestar social, y le abriría el camino a la economía para recuperar el crecimiento y reducir las desigualdades. 

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