Por: Manuel Drezner

La ley de Fanny Mikey

Igual que el Cid, Fanny Mikey gana batallas después de muerta y el Presidente ha anunciado, en un acto de homenaje a ella, que habrá una ley de cultura, dirigida a quitar impuestos a los espectáculos y a grupos teatrales. Eso está bien, pero está lejos de ser la amplia ley de fomento cultural que todos esperamos desde hace decenios.

Una constante que se ha hecho notar ha sido la indiferencia que los candidatos presidenciales, en sus campañas, han mostrado hacia los temas de la cultura. En las campañas las promesas incluyen de todo, desde darles de comer a los hambrientos hasta poco menos que volver millonaria a gran parte de la población. Pero la pobre cultura ha sido ignorada por quienes aspiran a gobernar el país. Quizá los candidatos tienen razones para creer que a quienes van a votar por ellos la cultura les interesa un pito y obran en consecuencia. Lo malo de ese criterio es que se ignora algo que es fundamental y la consecuencia es que, en el momento de ser elegidos, los antiguos candidatos se encuentran con que entre sus ministerios hay uno llamado de Cultura y dejan que éste se convierta en rueda suelta. Los nombramientos para este ministerio muchas veces se hacen para llenar cuotas de raza, sexo o partido y en últimas lo que va a pasar con la cultura dependerá de la capacidad y conocimientos de la persona nombrada.

Si uno va a analizar el primer año de gobierno en cuestiones culturales, se encuentra con que se han hecho muchas cosas (sería injusto decir lo contrario), pero aparentemente no existe un plan lógico que permita tener una unidad de criterio. El hecho claro es que todo lo que se hace son eventos individuales, que no forman parte de algo que tenga proyecciones para el futuro. Por ejemplo, hace algunos días se hizo una serie de actos para destacar los logros de la población afro en la cultura. Pero se terminan esos actos y nada nuevo pasa ni nadie se preocupa por crear una continuidad. Lo mismo pasa con las subvenciones. Sí, hay subvenciones para cantidad de eventos. No es que quienes las reciben consideren que ha habido exceso de generosidad, ni que sirvan para algo más que permitir a quienes se benefician de ellas que continúen subsistiendo. Igualmente, los salones de artistas que en una época servían para mostrar cuáles eran los rumbos de las artes plásticas, en este momento no pasan de ser una exhibición de obras que uno a veces se pregunta cuál sería el criterio para escogerlas.

 

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