Por: Juan Carlos Gómez

La ley de transparencia

El buen periodismo colombiano ha tenido como herramienta invaluable el derecho de acceso a la información en poder de las autoridades públicas. Gracias a la obligación de suministrar esa información —amparada incluso a través de la acción de tutela—, se han podido develar muchos casos de corrupción y de abuso en el ejercicio del poder público.

Siguiendo la senda del periodismo investigativo que trazaron diarios como The Washington Post y The New York Times, el abogado y periodista Alberto Donadio, desde hace 30 años, ha sido un incansable batallador para la efectividad de ese derecho en nuestro país.

Donadio, en su columna habitual en este diario, hace dos semanas se refirió a la llamada Ley de Transparencia y del Derecho de Acceso a la Información Pública Nacional. En la agonía de esta legislatura la norma fue objeto del tristemente célebre trámite de conciliación en el Congreso de la República. Según Donadio, con dicha ley los congresistas “cometieron estupros y abusos deshonestos contra la Constitución”.

Es sorprendente que el tema de esa ley, tan trascendente para la libertad de información y la defensa de la democracia misma, haya despertado tan poco interés en los medios de comunicación, que pueden ser en últimas los más afectados con las arbitrarias restricciones que advierte Donadio en su columna.

Por lo demás, hay que subrayar que es inaudito que, en plena era de internet, en esa ley se disponga que las autoridades tienen un plazo de 10 días hábiles (prorrogable por 5 días más) para responder a una solicitud de acceso a información pública.

La ley en cuestión, por su carácter de estatutaria, antes de la sanción presidencial tendrá que someterse a un examen de exequibilidad ante la Corte Constitucional.

Es una oportunidad, pues, para que los que aprobaron esa ley la lean con juicio y para que los ciudadanos (incluidos los periodistas) se manifiesten ante la corte.

A propósito: es fatal para nuestra maltrecha democracia que el periodismo investigativo sea capturado por la práctica de difundir información que alguna parte interesada le hace llegar —de manera furtiva y manipuladora— a alguna de las muchas estrellas del periodismo nacional.

 

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