"Si vamos a decidir sobre la vida y la muerte, vamos a hacerlo juntos": Claudia López

hace 9 horas
Por: Mauricio Rubio

La Leyenda Negra

Al criticar el anticlericalismo, Rodney Stark, que no es católico, precisa que defiende la historia, no a la Iglesia. Su libro Bearing False Witness se inicia con un grabado del neerlandés Theodor de Bry (1528-1598) en el que un conquistador español alimenta a sus perros con niños aborígenes; en otro, un verdugo les prende fuego a doce indígenas colgados, “algo típico de la propaganda antihispana y anticatólica de la época”.

El conflicto entre España y la Europa protestante, paralelo a guerras de religión que cobraron millones de vidas, estuvo alimentado por acusaciones de ingleses y holandeses contra los españoles por “depravación inhumana y horribles atrocidades”. La Leyenda Negra es una campaña de desprestigio sobre la intolerancia religiosa hispana y la falta de civilización frente al resto de Europa. Un corolario es que España y la Iglesia trajeron sólo desgracias al Nuevo Mundo.

Con la caída del Imperio romano y el auge inicial del cristianismo habría empezado un oscuro mileno en el que la Iglesia construyó “una gran barrera contra el progreso del conocimiento”. El término oscurantismo fue acuñado por Petrarca y retomado por Voltaire para afirmar que durante esa época “el barbarismo, la superstición y la ignorancia cubrieron la faz de la tierra”. Para Rousseau, Europa vivió esos siglos en una condición “peor que la ignorancia”. Todos esos prejuicios serían asimilados y reforzados por la Ilustración y el liberalismo. El Romanticismo, con su fascinación por el Edad Media y “el lado irracional de la existencia”, se encargaría no de rebatir la Leyenda Negra sino de reforzarla con el mito del buen salvaje.

Para Stark, una gran imprecisión fue denominar bárbaros a quienes reemplazaron el Imperio en el norte de Europa. Muchos de ellos eran veteranos del ejército romano instalados en pujantes centros manufactureros con activas rutas de comercio. En 250 d.C. la ciudad de Hëlgo, cerca de Estocolmo, era un foco fabril donde se producían herramientas de hierro, armas, joyas de bronce, adornos de oro y cerrajería. Muchas ciudades estaban bastante desarrolladas gracias a importantes avances tecnológicos. Fue durante el oscurantismo que Europa dio el gran salto adelante que la distinguió desde entonces del resto mundo.

La calificación de barbarie y atraso fue promovida por una élite anticlerical poco interesada en algo distinto a la divagación, la literatura y la cercanía al poder. La menor atención prestada a filósofos como Platón y Aristóteles no fue apreciada por la vanguardia pensante. “El factor más importante en el mito del oscurantismo fue la incapacidad de los intelectuales para entender, o al menos apreciar, las tuercas y tornillos de la vida real”, anota Stark. Así, “las revoluciones en agricultura, armamento, energía no humana, transporte, manufactura y comercio no fueron reconocidas. Lo mismo pasó con el progreso moral”: la esclavitud, generalizada en la época romana, desapareció durante la supuesta decadencia europea gracias al cristianismo. Los promotores del mito oscurantista pasaron por alto los avances en música, arte, literatura, educación y ciencias. “Cualquiera que crea que la era que presenció la construcción de la catedral de Chartres, la invención del parlamento y la universidad fue oscura debe ser retardado mental o a lo sumo profundamente ignorante”, resume un medievalista. 

La historiadora María Elvira Roca Barea considera una ironía que al llegar la Ilustración a España “acabó con esa maravilla que fue el Siglo de Oro”. Califica el influjo foráneo de “letal, helador, la literatura se congeló”. El pretencioso estilo importado por los borbones era la antítesis de lo que había sido la cultura española. “No se puede imaginar un Lope de Vega o un Cervantes en un salón. Esa gente iba por libre en la vida, sin ninguna vinculación con los círculos de poder, lo cual les mantenía la lengua muy suelta, las críticas feroces, los sonetos de cachondeo total”, anota la historiadora.

La Leyenda Negra afectó la percepción de la Conquista y Colonia en América Latina. Una élite ilustrada, después ideologizada, confundió el afán de evangelización con una aventura de tierra arrasada o un negocio multinacional. A pesar de los muchos desaciertos y excesos, fue un esfuerzo permanente de aprendizaje, asimilación y respeto de creencias, dialectos y costumbres. El inmenso legado está ahí. Una serie de negociaciones y pactos a medida que los españoles avanzaban les permitió adaptarse, tolerar, convivir y mezclarse con los aborígenes. “Pactos que se hicieron con los mapuches, los totonacas, los muiscas, los payos, con los ópatas… Se pactó y se hicieron alianzas que duraron siglos”, recuerda. El idealismo intelectual importado de Europa desprestigió, sesgó y opacó una de las experiencias más contundentes e interesantes de mestizaje de seres humanos y culturas en la historia. Ese pasado, nuestra esencia, debe estudiarse mejor de lo que se ha hecho porque “la verdad es la verdad, y merece ser conocida”, remata la Roca. 

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