La libertad como excepción

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Una conducta que no está jurídicamente prohibida está jurídicamente permitida, escribió Kelsen hace casi un siglo en su Teoría pura del derecho, texto en el que también manifestó su confianza en que el número de quienes prefieren el espíritu sea mayor que el de los que optan por soluciones de fuerza.

Expresado en palabras más simples, en un Estado de derecho la regla general es que los ciudadanos tienen libertad de actuación, por lo que sólo deben abstenerse de realizar aquellas acciones que excepcionalmente sean prohibidas. Cuando se alude al libre desarrollo de la personalidad lo que se quiere significar es, precisamente, que las personas pueden configurar su vida de acuerdo con sus propias convicciones, salvo que ello se traduzca en comportamientos que afecten derechos de otros; esta limitación es obvia, porque si cada individuo pudiera ejercer de manera ilimitada su libertad, se afectaría sensiblemente la de todos los ciudadanos.

 

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