La libertad y el silencio

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Otra vez el mismo debate. ¿Hubo censura? ¿Cuáles son los límites de la libertad de expresión? ¿Son las redes sociales un medio de comunicación? ¿Tienen las empresas privadas el derecho de silenciar a las personas que utilizan sus servicios? ¿Debe un líder político someterse a distintos estándares de responsabilidad con sus comunicaciones que el ciudadano corriente?

¿Hay una forma de encontrarle un ángulo nuevo a este ciclo de eterno retorno?

Hace casi un año defendí en varias columnas el derecho de Fernando Vallejo de decir cosas falsas sobre el coronavirus en unas columnas de opinión que publicó en este diario. Esto de la libertad de opinión y de expresión es un tema sobre el que he vuelto bastante y sobre el que quizás cambie mi posición. Las opiniones, más que principios inamovibles, suelen ser procesos. Siempre he sido un defensor de la libertad de expresión radical, pero eso podría cambiar. En esta columna, al menos, exploro una posición diferente a la que normalmente he sostenido.

Nuestras sociedades -hablo de las sociedades urbanas globalizadas, seculares y democráticas- están pasando a revaluar lo que significa la libertad. Están incluso cuestionando que pueda existir tal cosa como la libertad, pues estamos enfrentados a situaciones de suma cero en las dinámicas de la libertad: el campo abierto de unos lleva a limitar el espacio de otros. Somos más sensibles al difícil equilibrio entre las libertades y los derechos.

Voy a nombrar una serie de ejemplos que no son equivalentes entre sí, pero que indican ciertos cambios en nuestra noción de libertad. La libertad de dibujar una caricatura hiere el derecho a no ser insultado por motivos religiosos; la libertad de usar los pronombres que se quiera para nombrar a los demás hiere el derecho al pleno desarrollo de la sexualidad y la personalidad; la libertad de hacer insinuaciones sexuales hiere la seguridad y autonomía de las personas que no las quieren recibir; la libertad de propagar teorías de la conspiración hiere el tejido informativo sobre el que se construyen unas realidades compartidas basadas en hechos.

Nos estamos tomando más en serio los peligros de la libertad. La exploración y eliminación rebelde de los límites, que caracterizó a la segunda mitad del siglo XX, se acabó. Los antiguos edificios se demolieron y ahora estamos construyendo los nuevos. Para construir necesitamos planos. Los planos son espacios bidimensionales en los que la creatividad se concreta en líneas y ángulos. Lo que queda adentro y lo que está afuera. Lo que toleramos y lo que no toleramos. Por eso, más que un valor absoluto, la libertad en el siglo XXI es un espacio de negociación entre intereses diversos.

Lo digo de otra manera. La libertad en el siglo XX amplió unos límites sociales para que ahora cupieran quienes antes eran marginales. La libertad ahora radica en asegurar que la completa diversidad de quienes ahora habitan este espacio tengan voz, un lugar y autonomía. Libertad es tener espacios donde la diversidad pueda desplegarse, reduciendo en lo posible el conflicto entre las diferencias.

La libertad según la entendía el siglo XX, y los siglos anteriores, implicaban un cierto grado de silenciamiento. La libertad, como un acto de voluntad, corría el riesgo de volverse un acto de poder. La libertad del descubridor silenciaba al objeto del descubrimiento. La libertad del libertino silenciaba al objeto de su deseo. La libertad del artista silenciaba al representado. Cada uno de estos movimientos tenía su consecuencia oscura: la conquista, la violación, el estereotipo.

¿Deben las redes sociales ser un espacio de absoluta libertad? La respuesta rápida, desde el siglo XXI, es no. Tiene que haber una libertad entendida desde el espacio de cohabitación. La libertad no está en lo que puedes decir, sino en la amplísima variedad de personas con quienes cohabitas el espacio, y que tienen la libertad de estar aquí sin ser agredidas por ti.

La defensa de la libertad podría implicar cambiar lo que entendemos por libertad. De la libertad de expresión a la libertad de cohabitación. Este cambio puede ser uno de los fenómenos más importantes de nuestros tiempos.

Twitter: @santiagovillach

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