Por: Cartas de los lectores

La libre expresión es sagrada

Solo quiero unirme a las voces que se manifestaron en defensa de la libre expresión en fiestas y carnavales, desde el editorial de El Espectador (05-01-19) hasta las cartas de los lectores publicadas el día 7 de enero. No entiendo para nada que algunos parlamentarios nuevos quieran hacerse conocer ante la ciudadanía con trinos que solo demuestran una necesidad imperiosa de lambonear a su jefe pluma negra y mucha ignorancia en temas culturales. Otro integrante del Centro Democrático salta a la palestra no precisamente por sus ideas brillantes en el Congreso de la República, sino por una opinión nada respetable, como diría Fernando Savater, respecto a la forma de manifestarse de los nariñenses el 31 de diciembre con motivo del desfile de años viejos, donde el pueblo ha hecho gala de su libre expresión toda una vida.

Desconocer esta situación es no entender la dinámica de los carnavales en cualquier parte del mundo, es confundir un coctel con las fiestas populares, una procesión con un desfile de figuras y muñecos, una convención partidista con una convocatoria a gozarse las fiestas. De tal manera que al senador Carlos Felipe Mejía hay que sugerirle respetuosamente que lea, se informe bien y sobre todo estudie, que estudie mucho, como acostumbra decir su gran colega Cabal. Más que invitarlo al próximo carnaval, debería visitar la Academia Nariñense de Historia, donde encontrará verdaderas obras de historia y literatura que le permitirán conocer de primera mano las raíces de los carnavales de Negros y Blancos. Y después, si quiere, participar de las fiestas nariñenses mezclándose con el pueblo soberano en plazas, calles y casetas.

Como se afirma en el editorial mencionado al principio, “la libertad de expresión existe para defender las manifestaciones que incomodan, molestan e incluso ofenden. Decir lo contrario es crear un ambiente propicio para la censura y las consecuencias negativas que trae consigo”. Así que el senador Mejía, del CD, debe aprender a soportar las críticas, desde las suavecitas y respetuosas hasta las más ácidas e hirientes. Pero si solo quiere escuchar lisonjas, que no salga de su círculo, que se mantenga en su burbuja, pero que no diga pendejadas. La libre expresión es un tesoro que no podemos perder por nada ni por nadie. Espejos abundan alrededor.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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