Por: Tatiana Acevedo Guerrero

La locura del amor

EN LAS ÚLTIMAS MADRUGADAS DE agosto no fueron pocos los hombres que decidieron asesinar a sus parejas.

John descuartizó a la enfermera Yeimi Rocío y luego distribuyó sus miembros, empacados en bolsas plásticas, a lo largo del Caño Lima, en Bogotá. Eduard le propinó cuatro puñaladas a su esposa Yuranis después de que ella se rehusara a salir a la tienda a comprarle una canasta de cerveza, en Barranquilla. Tras acuchillar a su novia Yessenia, Orlando ultimó a su suegra Luz Mila, en Yopal.

Los implicados hicieron gala de un pragmatismo impecable. Mientras unos gozaron de tiempo suficiente para comprar límpido y trapear la casa, otros mantuvieron imperturbable calma para denunciar la desaparición de sus compañeras. Después de esconder el cadáver de Sandra, Alberto tuvo la idea de robarse la nevera y hasta pensó en hurtar la factura, para poder venderla en alguna compraventa. Eduard Simanca, de 30 años, compró un ataúd para su cónyuge dos días antes de asesinarla.

Como de costumbre, los medios de comunicación catalogaron los episodios de “pasionales”. En la descripción de los hechos, noticieros y periódicos destacaron detalles melodramáticos del tipo: “la llamó a su celular y le dijo: si usted no es para mí, no es para nadie” o “el hombre cometió una locura de amor por celos”.

Mal hace la prensa en seguir reproduciendo eufemismos como “crimen pasional” o “problema de enamorados”. Detrás de tales categorías pasa agazapada la idea de que se trata de actos desesperados e inevitables, mediados por la irracionalidad y el amor inconmensurable.

A través de los años las mujeres han conseguido importantes triunfos en materia de igualdad jurídica. La ley 1257 de 2008, que estipula la agravación del delito en que la muerte de una mujer se cometa por el hecho de serlo, es una prueba de ello. Pero mientras los principales medios del país sigan empleando términos anacrónicos y subrayando las minucias novelescas de estos homicidios, la sociedad colombiana les restará importancia y continuará justificándolos solapadamente.

acevedo.tatiana@gmail.com

 

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