Por: Jorge Iván Cuervo R.

La lucha por la igualdad

Carlos Gaviria in memoriam

 

Es evidente que todos somos diferentes, hombres y mujeres; adultos y niños; blancos, negros y amarillos, que cada persona es un proyecto único e irrepetible, y es en la defensa de esa diversidad, incluida la del ambiente, que finalmente se materializa y evoluciona la vida en este planeta.

Pero también es cierto que así como es necesario defender la diversidad y políticamente el pluralismo, es necesario también defender la igualdad de oportunidades, de tratamiento y la no discriminación por razones de raza, nacionalidad, género, religión, condición política o social. El mecanismo ideado para ello en la era moderna es el imperio de la ley en el contexto del Estado.

Esto que hoy podemos decir con cierta naturalidad no fue fácil de lograr en la historia. No solamente por las guerras que antecedieron a esa nueva forma de civilidad, generalmente con un trasfondo de defensa de sistemas de privilegios, sino también porque no en todos los países y culturas la igualdad ante la ley ha echado raíces de la misma forma y con la misma intensidad.

Podría decirse que el telón de fondo – aunque no la única motivación- de todas las guerras que se han dado en Colombia, es la lucha por la igualdad, empezando por la guerra de Independencia, las guerras civiles del siglo XIX, las guerras políticas de la época de la Violencia y el inicio del conflicto armado que aún persiste. Claro, en muchas de ellas se enfrentaba a un Estado que ha sido incapaz de hacer valer en todo tiempo y lugar el imperio de la ley en condiciones de igualdad.

Este valor esencial para la convivencia democrática quedó consagrado en el artículo 13 de la Constitución Política, con el plus de tener que proteger a los débiles y dar la función al Estado de corregir las condiciones de desigualdad que atenten contra la dignidad humana. Como ya se ha señalado, el Congreso y los sucesivos gobiernos desde 1992 a la fecha, han sido inferiores a su responsabilidad de desarrollar a cabalidad este principio, labor que ha correspondido, a los jueces de tutela y en especial a la Corte Constitucional. Y al lado de magistrados admirables como Ciro Angarita, Alejandro Martínez o Eduardo Cifuentes, se destacó Carlos Gaviria Díaz, un liberal integral que jalonó la jurisprudencia de la Corte con fallos en los que no sólo se desarrolló la defensa de la igualdad sino la protección a los más débiles.

Consecuente con su ideario liberal y siguiendo la ruta trazada por Kant, uno de sus autores predilectos, desarrolló en la Corte la doctrina de la existencia de una esfera moral de la persona inviolable por el Estado, la cual fue la base de fallos históricos como el de la eutanasia o la despenalización de la dosis mínima, que la propia Corte ha venido ampliando a temas como la interrupción del embarazo o los derechos de las personas a decidir con quien casarse, entre otros temas morales. Así mismo, contribuyó a afianzar la separación entre Estado y cuestiones religiosas, uno de los valores supremos de la Constitución que algunos personajes desean restablecer.

Hoy que la Corte pasa por su peor momento, es oportuno recordar y preservar el legado de Carlos Gaviria, su rectitud en la cátedra, en la política y en la administración de justicia por una sociedad más justa, igualitaria y decente.


@cuervoji
 

 

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