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La mala hora de “Cien años”

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A un amigo acucioso se le dio en esta pandemia por releer Cien años de soledad en la hermosa edición lanzada en Barcelona con motivo del cincuentenario (2017), con ilustraciones de Luisa Rivera (Random House). Allí se llevó la sorpresa de encontrar en la página 196 la palabra rumoreaba. Los españoles la emplean, pero nosotros decimos rumoraba. Así aparece en la edición original de la obra de Editorial Sudamericana, página 171, y en la de la Academia de la Lengua-Norma (2007), página 228, “texto revisado por el autor”.

Se la volvieron a hacer los españoles a Gabo. Su novela La mala hora salió en una primera edición, luego del Premio Esso, publicada en la madre patria. Se quejó el autor de que los protagonistas del drama “no parecen ser los humildes habitantes de una aldea olvidada de la mano de Dios, sino honorables académicos de la lengua en vacaciones”. En el original decía: “Así como (ustedes) viven ahora, no solo están en una situación insegura sino que constituyen un mal ejemplo para el pueblo”. En el libro fue cambiado de este modo: “Así como vivís ahora, no solo están en una situación insegura, sino que constituís un mal ejemplo para el pueblo”.

Otro: en el original se decía que el juez Arcadio “entró al orinal de un bar, perfectamente consciente, y se echó pólvora en un chancro y le prendió fuego”. En el libro la frase apareció: “Entró en el orinal de un bar, perfectamente consciente, y echándose pólvora en el chancro, le prendió fuego”.

Nosotros utilizamos “la radio” para referirnos al sistema de transmisión y “el radio” para el aparato. En la página 61, una mesera de un hotelito rural aparece diciendo: “A mí también me hace sudar la radio”.

El autor desautorizó esa edición y la hizo sacar del mercado. ¿Qué pasará con esta edición de Cien años? Aún no se rumorea nada. Guillermo Cabrera Infante también se quejó, en su momento, de que a su novela Tres tristes tigres le hicieron en España 22 correcciones. Entre otras, le cambiaron teta por seno. ¡Qué mala leche!

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