"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 3 horas
Por: María Elvira Bonilla

La mala hora de los compadres

ANTES DE LAS ELECCIONES DE LA parapolítica, a finales de 2001, Gustavo Álvarez Gardeazábal, experto en los intríngulis políticos del Valle del Cauca, vaticinó en Porce, su finca de Tuluá, que Juan Carlos Martínez sería el gran barón político del Valle del Cauca.

“Pónganle el ojo”, dijo con seguridad premonitoria. En ese momento era difícil identificar a aquel personaje que subterfugia y eficazmente avanzaba por los vericuetos de la asamblea departamental y que en 10 años pasó a ser un factor determinador de la elección del alcalde de Cali, de 13 municipios más y del gobernador del Valle.

El Negro Martínez, como se le conoce, se hizo a la sombra del senador Carlos Herney Abadía, padre del actual gobernador del Valle, Juan Carlos Abadía Campo. Manejó sus huestes políticas mientras su jefe pagaba 52 meses de cárcel por sus vínculos con el cartel de Cali en el Proceso 8.000, el de la narcopolítica. A la usanza conocida, la curul de Abadía la heredó primero su esposa y luego Juan Carlos Martínez, que logró con el Movimiento Popular Unido, cuyos tentáculos llegaron desde Guacarí hasta la lejana Córdoba para abalar a Miguel de la Espriella y Eleonora Pineda. Aquel Congreso de 2002, que en palabras de Salvatore Mancuso, los paramilitares ayudaron a conformar en 30%. Cálculo que se ha quedado corto, a juzgar por los procesos judiciales en curso. Cuatro años después Martínez estaba con Convergencia Ciudadana, que tiene tras las rejas a una buena parte de su bancada por cuenta de la parapolítica.

Pues bien, la noticia de la detención del senador Martínez ordenada por la Corte Suprema de Justicia la semana pasada no tuvo el despliegue nacional que ameritaba. Pero para el Valle del Cauca tiene un significado excepcional que ojalá altere a fondo el ajedrez político del departamento, porque además de su poder burocrático y contractual, Martínez es el Gran Hermano del gobernador Juan Carlos Abadía. Un gobernador que creció en las aguas caldeadas del Proceso 8.000, que como presidente del Concejo de Cali fue el respaldo incondicional de la cuestionada y fallida alcaldía de Apolinar Salcedo; un gobernador a cuyo padre la Fiscalía le acaba de ocupar 17 propiedades con fines de extinción de dominio, que maneja las arcas departamentales como chequera propia y prefiere incumplir las obligaciones presupuestales con la Universidad del Valle y el Hospital Departamental, para derrochar en imágenes publicitarias donde él es el actor principal, que padece de una melagomanía que lo ha llevado a comprometer irresponsablemente las vigencias futuras de las frágiles finanzas departamentales hasta el año 2020.

Los dos Juan Carlos han sido piezas clave para el Gobierno Nacional en la región. El respaldo presidencial a Abadía le ha permitido soñar y competir con el ex ministro Arias en su pretensión de convertirse en clon de Álvaro Uribe. Se espera que este campanazo de la justicia contribuya a atajarlos y le permita al Valle abandonar el camino hacia el despeñadero fiscal, ético y político hacia el cual lo estaban llevando estos dos poderosos compadres.

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla