Por: Óscar Sevillano

La mala hora del Esmad

A los constantes problemas que tiene la Policía Nacional, bien sea por los abusos de autoridad o actos de corrupción de algunos de los miembros que la integran, hay que sumarles las constantes quejas y denuncias de la ciudadanía por exceso de fuerza de quienes integran el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).

El Estado hace uso del Esmad para control de disturbios, multitudes, desbloqueos de vías y acompañamiento a desalojos de espacios públicos o privados; cuando hay materialización de hechos de vandalismo que puedan afectar al ciudadano de a pie, la propiedad privada o los bienes públicos en la jurisdicción de las unidades policiales que lo requieran, cuando su capacidad haya sido rebasada en talento humano y medios de policía.

Teniendo en cuenta lo anterior y los escándalos por excesos en los que se han visto involucrados miembros del Escuadrón, fácilmente podríamos concluir que para la misma Policía no es claro el momento en que esta fuerza debe actuar o que alguien con poder de decisión al interior del Estado hace mal uso del Esmad.

Por supuesto que el Esmad se necesita en Colombia, porque estamos en un país donde las diferentes situaciones que se viven en municipios y ciudades en ocasiones se salen de control y es necesario hacer uso de las fuerzas del Estado para imponer el orden. El problema es cuando se hace de manera inadecuada, es decir, sin cumplir unas reglas de juego con la idea de acabar con una marcha porque se piensa o se cree que se van a generar hechos vandálicos, sin tener en cuenta que se pueden desatar sucesos lamentables como fue la muerte de Dilan Cruz, por ejemplo.

No es procedente la petición que hace el Comité Nacional de Paro de acabar con esta unidad, como tampoco es prudente la respuesta del Gobierno Nacional de asegurar que lo que hay que hacer es fortalecerlo, sin explicar a qué se refiere con esto.

Lo que debe hacer el Gobierno Nacional es atender los reclamos que con justa razón hace una ciudadanía indignada por los excesos cometidos por este escuadrón, y aplicar los correctivos necesarios para que hechos como el de Dilan Cruz y el de la joven que subieron a la fuerza en un auto que no tenía distintivos de uso oficial de la Policía no se vuelvan a repetir.

Por otro lado, los directivos de la Policía deben además entender que los colombianos estamos en todo el derecho de exigirles a los miembros de esta institución el debido respeto por el cumplimiento de los derechos humanos y el adecuado uso de sus facultades; que, en el caso de que se evidencien excesos, no solo podemos sino que debemos hacer las respectivas denuncias, exigiendo las explicaciones del caso, y que no por esto se nos puede tildar de “enemigos de los uniformados”.

En lo que tiene que ver con la petición del Comité Nacional de Paro de acabar con el Esmad, sería mucho mejor pedir que se revisen los protocolos con los que esta unidad policial actúa, exigiendo un total cumplimiento de las reglas, aplicando los debidos correctivos cuando se demuestre lo contario.

Lo lógico es que los ciudadanos, sin ninguna distinción, confiemos y amemos a nuestra Fuerza Pública y a nuestra Policía; pero, qué pena, señores del Gobierno Nacional, el afecto, el cariño y la confianza no se imponen, se ganan.

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