Por: María Teresa Ronderos

La mala reputación

Un ranking mundial de países que acaba de salir, el RepTrak, elaborado por una corporación multinacional que ofrece servicios de manejo estratégico de reputaciones, llamada Reputation Institute, deja a Colombia por el piso.

El instituto les preguntó a miles de ciudadanos de los países más ricos qué tanto admiran, confían y respetan a 50 naciones del mundo, y éstos le dieron a Colombia el puesto número 46. El paupérrimo Haití quedó cuatro puestos por encima. Mejor reputadas quedaron la Venezuela de Chávez, quien preside un desgobierno revolucionario, y la Bolivia de Evo, a quien hasta los indígenas que lo eligieron le protestan. Incluso nos gana el adolorido México de Calderón, que no consigue parar la narcoguerra. Sólo superamos a Irán, Irak, Nigeria y Pakistán.

Esa noticia debe tener en shock a Santos, el más hábil estratega en aquello de vender una buena imagen. Es que se ha pasado buena parte de sus 417 días de mandato visitando a sus pares en el mundo acaudalado para contarles que, bajo su guía, Colombia emerge de su oscuro pasado jalonado por locomotoras del progreso.

Viajó con toda su familia a Japón y a Corea y les demostró a los orientales que las familias colombianas somos tan unidas que las más pobres financian los paseos de las más ricas. Es heraldo de una modernidad tan democrática que en elecciones deja que los narcopolíticos salgan de las cárceles a hacer campaña. Pregona por el mundo que lidera el cambio social, con la ventaja de que los más ricos no tendrán que pagar más impuestos, porque de ellos depende la prosperidad. A diferencia de su antecesor, respeta tanto a trabajadores y organizaciones sociales que si protestan será porque están manipuladas por las Farc. Anuncia que reparará a las víctimas del conflicto, y si el asesinato de sus líderes marca récords no es porque no los cuide, sino que hay demasiados crímenes pasionales.

Seguramente Santos, con su experticia en acicalar prestigios endulzando los oídos de sus críticos, ya estará llamando a J.J. Rendón para que nos ayude a mejorar en el ranking de la reputación en 2012. Se va a encontrar con un obstáculo: el Instituto de la Reputación explica que la admiración por los países se basa en realidades sustentadas por tres elementos racionales: que su economía sea avanzada, su medio ambiente atractivo y su gobierno efectivo.

Y como lo define el instituto, economía avanzada no sólo tiene que ver con productividad, sino con una fuerza de trabajo educada y una gran valoración por la educación, y ésta, ya nos queda claro, está de última en la agenda de Santos. El buen ambiente no es sólo buen servicio en los hoteles, sino playas sin carbón y agua sin mercurio. Y en este campo sólo hemos tenido anuncios y ningún resultado. El gobierno efectivo es uno que crea un ambiente favorable a los negocios (en eso Santos es estrella), pero también uno que pone en marcha políticas sociales y económicas progresistas y, por lo que vemos, herramientas potentes para crear igualdad, como una reforma tributaria de fondo, no son la prioridad.

El maquillaje no es suficiente para tapar que Colombia está entre los países más desiguales del planeta. Tampoco el lobby internacional puede encubrir que nuestra catástrofe humanitaria continúa: los niños siguen siendo ametrallados, los soldados volados por las minas y las bacrim de jovencitos engordando. Ni siquiera Santos, el mago de los espejismos, puede cambiar la imagen que proyecta el país, si además no se propone cambiar de fondo lo que de veras anda mal.

 

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