La mamá de la JEP

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El 4 de noviembre la magistrada Patricia Linares culmina el periodo de tres años como presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz. El balance de su gestión lo presentó ella misma en su honesto y sentido discurso ante la Conferencia Internacional para la implementación de los acuerdos de paz organizada por la ONU y Defensores de la Paz, y por cuyos comprobados avances mereció que 12 países del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas declararan irrestricto respaldo a la JEP y a los demás componentes del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Confío en que los medios de comunicación, los gremios de juristas y los colombianos comprometidos con la paz, sabrán ponderar los trascendentales logros de la primera presidenta de la JEP. Más como las historias oficiales suelen omitir la emotividad y los sentimientos que implican las responsabilidades supremas; con la autoridad que me da el conocer las calidades de su espíritu gracias a nuestra vieja amistad, pude asegurar que Patricia Linares, además de su idoneidad, le puso alma y corazón a su misión.

El 27 de septiembre de 2017 cuando asumió la presidencia de la naciente Jurisdicción, puedo adivinar el brillo en sus ajos, el palpitar de su corazón, por la indescriptible emoción de afrontar una responsabilidad absolutamente coherente con sus ideales humanistas. Quizás el encargo de una institución apenas embrionaria le despertó la maternidad potencial (ella no tiene hijos) y ofició el compromiso como una crianza, enfrentando contingencias adversas y depredadores para asegurar el desarrollo de la recién nacida. Así refiere ella el inicio:

“…Hace 32 meses, 38 colombianos y colombianas, juristas de todas las regiones del país, especialistas en distintas áreas del derecho, de diferentes orígenes y etnias; todos y todas precedidos por un trabajo esmerado por las víctimas, por la justicia y por la paz… Iniciamos nuestras tareas en la JEP. Lo hicimos con ilusión, con profundo compromiso y con la convicción de que podemos contribuir, como lo hemos hecho, a superar la guerra interna que ha azotado nuestro país… Llegamos a un edificio de fachada futurista cuyo interior – contrario a lo que muchos creen -, estaba vacío, no había sillas, ni escritorios, ni computadores, mucho menos de conectividad, ni un teléfono, solo nosotros dotados de un mandato de las víctimas consagrado en la Constitución…”

Una hija especial requiere una madre también especial; debe enfrentar a quienes la discriminan por diferente y con amorosa pedagogía evitarle complejos que traumaticen su desarrollo. Mamá Patricia lo refiere así:

“…Desde el inicio entendimos que seríamos responsables de llenar de contenidos y hacer realidad esa noción de Justicia restaurativa…materializar y darle vida a una forma de justicia inédita en mundo, tan esperanzadora como difícil y compleja, sobre todo diferente al modelo de justicia retributiva, que impera en Colombia..”

Peores dificultades debieron sortear, toda vez que el Presidente de la República y los de su partido en el gobierno, acérrimos enemigos de la paz, cumpliendo la amenaza de "hacer trizas los acuerdos de la Habana, se empecinaron en malograr los componentes del Proceso, estigmatizando a los guerrilleros desmovilizados, des obligantes con los pactos, reduciendo o desviando los recursos presupuestados para la paz. Y con la JEP, conscientes de su significado y su importancia, ensañados en difamar su misión, propagaron el infundio de que " es un fortín izquierdista concebido para la impunidad de los crímenes atroces cometidos por los terroristas de las FARC."

Pero la mamá de la JEP no se dejó amedrentar, si lloró en publicó no fue intimidada sonó conmovida por la realidad que conoció de las víctimas. Convencida de que su compromiso trascendía los debates de coyuntura y que el anhelo de paz de los colombianos superará las afrentas guerreristas aunque provengan del mismísimo gobierno, contagio de su ideal irreductible a magistrados, funcionarios y aliados de la Jurisdicción para la Paz, procuró la veeduría y el acompañamiento de organismos internacionales de justicia y de derechos humanos, así, contra ventarrones y maremotos, y no obstante la emergencia pandémica, hoy puede dar cuenta de 12.600 personas sometidas a la JEP, 9764 de las FARC, 2730 miembros de la fuerza pública, además de congresistas, alcaldes y gobernadores.

Ahora la sucederá en la presidencia el magistrado Eduardo Cifuentes, ella seguirá velando por su hija especial.

Sería muy tranquilizante y esperanzador que el próximo gobierno, verdaderamente imparcial y comprometido con la paz, reconociera el patriotismo y el sentido de responsabilidad de la magistrada Patricia Linares Prieto y la considerara como Fiscal general de la Nación.

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