Por: Armando Montenegro

La mano en el fútbol

La mano no soloha tenido una larga historia en la vida del fútbol, sino que, anécdota de paso, fue una de las causas de su origen: nos dicen los cronistas que, en la victoriana Inglaterra del siglo XIX, los promotores del nuevo deporte se empeñaron en fomentar, promover y reglamentar el fútbol para mantener a los jóvenes lejos de esa actividad solitaria que suele practicarse con la mano. De ahí en adelante, la mano intrusa, combatida y sancionada por las reglas de este deporte ha sido uno de sus protagonistas estelares y lo ha sido de las más diversas formas. En la cancha, una de sus apariciones más famosas fue la de la “mano de Dios”, de Maradona, festejada por millones de aficionados, con excepción de los ingleses. Y fuera de la cancha, en el fútbol moderno, las protagónicas son las manos ladronas de los dirigentes, cuyas operaciones delictuosas no son detectadas por nadie.

Sobre su mano, Maradona declaró, sin vergüenza, que había tenido ayuda divina para cometer su falta, un hecho que todos –menos el que tenía que advertirlo, el árbitro– vieron en directo por televisión a lo largo y ancho del planeta (con la introducción del cuarto árbitro y las ayudas tecnológicas se ha tratado de impedir que estas y otras infracciones queden impunes).

El protagonismo de las manos de los directivos creció en las últimas décadas con la difusión del fútbol como el verdadero rey de los deportes de masas en todo el planeta, sus multimillonarios contratos de televisión y, sobre todo, los negocios alrededor de los campeonatos mundiales. Como todas estas operaciones son manejadas por la cúpula de la FIFA, con escasos controles y gran hermetismo, una fracción importante de los dineros a su cargo termina, vía corruptelas, en sus cuentas bancarias personales.

El secreto de la impunidad de la alta burocracia del fútbol radica precisamente en que ella tiene un verdadero carácter supranacional, no está sujeta a los controles de los Estados y, con gran frecuencia, encuentra formas de escaparse de los radares de la justicia de los distintos países.

Lo poco que se ha conocido de la corrupción de la FIFA se debe, por suerte, a la incursión reciente de las autoridades de Estados Unidos que tomaron la iniciativa de investigar, denunciar y acusar penalmente los malos manejos de sus dirigentes. Al respecto, se ha anunciado que los fallos de varios de los procesados, entre ellos dirigentes del fútbol de Colombia, Chile y otros países, serán divulgados en las próximas semanas.

A pesar de estos avances, numerosos observadores piensan que el gobierno del fútbol mundial sigue manteniendo una peligrosa falta de transparencia. Después de todo, la burocracia que reemplazó a Blatter y a sus secuaces se formó a imagen y semejanza de sus jefes de muchos años. Existe el convencimiento de que sus prácticas, mañas y resabios son los mismos de siempre. Y que están dadas las condiciones para que, en medio de la oscuridad y el sigilo, sus dirigentes sigan metiendo la mano en el gran negocio del fútbol planetario.

El sistema sólo se saneará cuando los gobiernos tengan la posibilidad de rastrear sus operaciones en forma efectiva, cuando todas sus cifras y contratos sean auditados con severidad y los resultados estén a la vista de los que pagan, es decir, los aficionados al fútbol en todo el mundo, quienes hoy son las víctimas de sus chanchullos.

 

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