Por: Paloma Valencia Laserna

La mano verde que se aleja del uribismo

El Partido Verde parece haberse convertido en una colcha de retazos que carece de coherencia política.

Peñalosa invitó a Uribe a que lo respaldara y una vez el expresidente mostró la intensión de hacerlo Peñalosa se solemnizó, Mockus criticó la idea al extremo de dejar el Partido. Peñalosa dio declaraciones mezcladas sobre la pertinencia de este apoyo; diciendo que se trataba de aunar fuerzas para solventar la profunda crisis que vive la ciudad, que no daría puestos ni haría acuerdos politiqueros, insinuando que eso le exige el uribismo.

La ambigüedad de los Verdes frente a Uribe y los uribistas va más allá; unos pocos días antes de que se sellara la alianza con el expresidente; Lucho Garzón le envió una carta al Presidente Santos en la que lo felicita por su valiente denuncia sobre la mano negra y se unen a la satanización de la oposición uribista.

Los comentarios que hizo el presidente Santos a propósito de las manos negras son flojos. Utiliza un fetiche para decir que su gobierno tiene dos tipos de oposición, la del terrorismo de las Farc que a quien  el Presidente le otorgó las banderas de la izquierda y otra oposición, que él califica de extrema derecha, que critica sus políticas y según él, exagera la incidencia de la violencia en su gobierno.

Lo que hace muy desatinado el comentario es equiparar un grupo terrorista como las Farc que destruye pueblos, secuestra y mata; con una oposición de derecha que critica. Se sabe que Santos no quiere tener oposición y en gran medida lo ha conseguido con la Unidad Nacional. El comentario mostró –como es evidente- que la oposición del Polo está muy disminuida. La caída de Samuel dejó en manos de Santos la elección del Alcalde y esto le entregó el poder que requería para poner al Polo dentro del bolsillo. Así que la oposición que ha surgido es la de los uribistas arrepentidos de haberlo elegido. Esos son los únicos que lo critican porque se sienten timados en su voto y abandonados en los proyectos prioritarios, como la seguridad democrática.

Un Presidente no debería poner en la misma bandeja a los terroristas y a la oposición; es no sólo parte de la democracia sino su ingrediente esencial. El comentario muestra una tendencia de Santos de eliminar cualquier disidencia, incluso recurriendo a la descalificación.

La carta de Lucho dice: “Una extrema derecha que no acepta las transformaciones en la agenda pública que usted le ha propuesto al país, que se traduce en una nueva estrategia de seguridad nacional para la prosperidad, un Plan Nacional de Desarrollo para la reconstrucción, y una Unidad Nacional para superar la polarización, la confrontación armada y fortalecer la democracia”. Es decir, Lucho y el Partido Verde entienden claramente que la mano negra de derecha es el nombre que le da Santos de la oposición política. 

La adhesión del Partido Verde a semejante manera irracional y sucia de combatir a los críticos es un acto de sumisión al Presidente que desluce. Hace parte de la democracia la discusión de la ideas, la nutre la existencia de grupos con posturas distintas. La polarización -nombre con el que muchos intentan menosprecia la importancia de las diferencias ideológicas- es del debate democrático, y lo fortalece. La eliminación de todas las disidencias sólo es propia de las tiranías.

Vista esta faceta del Partido Verde es evidente que el uribismo tiene muchas razones para no acompañar a Peñalosa. El uribismo como fuerza con gran capacidad de decisión en estas elecciones tampoco apoyará a Petro, pues las diferencias ideológicas son irreconciliables. Gina y David también están muy alejados, la primera por su antiuribismo y el segundo por su partido. Así Carlos Galán de perfila como una opción hacia la cual el uribismo podría acercarse, pues Cambio Radical hacia parte de la coalición uribista.

 

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