Por: Cristo García Tapia

La mentira que es la posverdad

El género epistolar en Colombia, al que muchos daban por desaparecido, ha vuelto con inusitado despliegue en estos recientes tiempos de posverdad, en los que todo cuanto no es verdad ni se corresponde con un acervo factico adquiere la connotación de tal, gracias a una bien programada manipulación emocional de la opinión pública.

Desde luego, con el concurso de los medios de comunicación que, para el fin último, modelado y programado de la posverdad, perdieron su naturaleza de tales, y por su condición de subordinados del interés particular, pasaron a ser y a operar como conglomerados de la información  con patentes de corso para coadyuvar en la consolidación del nuevo credo de la política y la democracia.

Cuanto quiere desvirtuarse, empaquetarse, venderse, aplicarse y desarrollarse como verdad, bien para reafirmar un sistema político, crear o afianzar liderazgos espurios como expresiones y acciones de poder y subordinación de aquel, tienen en el formato de la posverdad la herramienta comunicacional idónea para suplantar la verdad.

Para “crear” en la opinión pública, por obra de los mass media, una “nueva verdad” a partir de proposiciones falsas, de conjeturas tramposas. De desvirtuar la realidad tal cual es y distorsionar la facultad de discernimiento, análisis, autonomía y capacidad de decisión de quienes tienen la necesidad emocional de “creer en algo, en alguien”, mediante la suplantación perversa de los hechos políticos, sociales, económicos, culturales, de sus dinámicas, tal cual se presentan y ocurren.

Y si no de esa nueva y “conveniente” verdad, de crear incertidumbre, de modo tal que cuanto supedite a lo emocional, a la necesidad irracional de creer en cuanto propone y conviene a un particular interés, sea la vía expedita por la cual transite el ciudadano al que los medios han cautivado e inducido al consumo masivo e indiscriminado de contenidos falsos.

A la aprobación irracional de discursos políticos, religiosos e ideológicos; a la exaltación de personalidades, valores y principios que contradicen históricamente el devenir de la democracia como sistema político incluyente y abierto a todas las vertientes de pensamiento; al humanismo como cualificador natural de su construcción permanente.

Si bien la construcción del discurso de la postverdad, como el renacer del género epistolar  en Colombia, salió del clóset de la historia contemporánea con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, bien podemos decir que en nuestro país ha tenido su mayor desarrollo, praxis y resultados en materia de generación de “nuevas verdades”, de creencias y de satisfacción de carencias emocionales de un vasto sector de opinión, en el discurso falaz del expresidente Uribe.

En la sucesiva selección y construcción por parte del Centro Democrático, de sólidas mentiras con apariencia de verdad sobre los Acuerdos de Paz que pusieron fin al conflicto armado colombiano; a la subsecuente propaganda contra el Gobierno y su naturaleza “castrochavista”, a la “entrega del país a las guerrillas de las Farc–Ep”, a la Justicia Especial para la Paz como legislación para la impunidad y el ejercicio armado de la politica.

Y todo, cocido en los vapores conspiracionistas de sus inspiradores y epígonos irreductibles, taifa de belitres que con tal de validar su mentira inconmensurable, sus ansiedades incontrolables de “mentira emotiva”, de anteponer sus creencias a los hechos, imploran un saludo imperial revestido de apoyo que, como sus verdades, también resulta falso.

¡Posverdad!

* Poeta y columnista.

@CristoGarciaTap

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cristo García Tapia

De tontos es no criticar

Es el tiempo de atrevernos

Por una visión transformadora de país

Los nuevos ciudadanos

A los colombianos no nos da miedo Petro