Por: Tatiana Acevedo Guerrero

La metáfora de la periferia

En el marco de las capturas de Enilce López o Kiko Gómez se habla de élites regionales en tanto que obstáculos para el Estado.

 Académicos como James Robinson explican el fenómeno como resultado del tipo de gobierno “indirecto”, en el que el “centro, incluido el presidente, debe negociar con los dueños del poder en las regiones” (el presidente Santos, por ejemplo, “fue a Cartagena a comer sancocho con Piedad Zuccardi para asegurar su poder en Bolívar”).

Esta tesis, bien recibida en los medios y redes sociales, tiende a fortalecer algunos lugares comunes sobre el país y la política. Al decir poco sobre las diferencias regionales da la impresión de que en todas partes ha pasado lo mismo. Nada sobre el trabajo de décadas del Cinep que documenta la heterogeneidad de las negociaciones de las regiones con el centro, según procesos históricos particulares.

Refuerza también la imagen de una negociación unidireccional y lineal: un centro homogéneo bregando para pactar con poderes locales egoístas. Nada sobre la forma en que las élites locales se conforman a través de la interacción con los centros (es a través de licencias, amistades y favores bogotanos que Víctor Carranza se hace poderoso en la región). O sobre el proceso contrario: los grandes políticos del centro se hacen en interacción con los poderes locales.

La de “élites locales” es además una categoría resbalosa. La infinidad de conexiones (contubernios, negocios, matrimonios) entre “locales” y “centrales” hace que sea difícil establecer sus límites. ¿En qué categoría entrarían gremios como la Sac y Fedegán?, ¿Uribe Vélez y su centro democrático?, ¿segundas generaciones de caciques regionales hoy concejales de Bogotá?, ¿personajes como Martínez Sinisterra, con poder en el Pacífico, el Caribe y Bogotá?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Tatiana Acevedo Guerrero

El personaje del año

Lo que pasó esta semana

Vasos capilares

Las justas proporciones

El testimonio del zancudo