Por: Iván Mejía Álvarez

La metamorfosis

El dato estadístico es muy importante para el análisis.

En los tres partidos que ha jugado, ganado y goleado en el Mundial, la selección de Colombia nunca ha tenido la posesión de la pelota. Colombia ha entregado el balón al adversario.

En el último partido ante Japón el resultado fue de 63-47. Colombia ha mutado positivamente, y de ser un equipo de la escuela de la posesión y la posición ha pasado a ser un cultor de los espacios y las transiciones veloces al ataque.

Todo le sale al equipo tricolor. Los astros están alineados y las cosas marchan sobre ruedas, con una impecable confluencia de factores positivos que contrarrestan las pocas dudas que se pudieran tener.

Lo primero: José Pékerman apostó por incrustar ocho jugadores nuevos en la formación ante Japón. Envite peligroso que de no haber salido bien tendría hoy al técnico argentino en la mira de los críticos. Ocho cambios pueden desnaturalizar el estilo, la estructura táctica y el juego de cualquier equipo.

La idea era clara: reservar los titulares para el juego del próximo sábado en Maracaná. Asegurado el primer lugar del grupo, Pékerman quería darle descanso a su equipo base y ofrecerle diez días de respiro de cara al juego ante Uruguay, sometido al calor de Natal y a una lucha infernal para batir a Italia. Esos cinco días extras de reserva energética pesarán en el trámite del sábado, sin lugar a dudas.

Quintero acarreó mucho la pelota y apostó al individualismo, mientras que los delanteros parecían perdidos en los duelos individuales. A Guarín le costó mucho el papel de volante de marca y por los extremos el equipo se desgranó fácilmente ante el toque nipón.

Al no funcionar la recuperación, el equipo se paró cerca de Ospina y asumió un comportamiento pasivo ya visto ante Grecia y Costa de Marfil. Si las transiciones no desembocan en lanzamientos a los espacios, la estrategia no funciona y la imagen visual es de sometimiento.

Lo segundo: visión brillante del técnico, James por Quintero, menos transporte, más lanzamientos en profundidad, y Carbonero por Cuadrado —había que guardarlo un poco— para que Guarín subiese unos metros y jugara más cercano a lo que hace en el Inter.

Y el talento de James se encargó del resto, de fabricarlos con dos pases magistrales para rescatar la vocación ofensiva de Jackson y de meterlos con una jugada que de haberla hecho Cristiano o Messi estaría encumbrada a la posteridad. Fue un gol delicioso en la elaboración y en la definición, preñado de sutileza, ingenio y encanto.

La primera ronda ya es historia. Maravillosa participación ofensiva, gran trabajo defensivo, la metamorfosis táctica del equipo regalando la pelota y lanzando al ataque en veloces transiciones a los espacios, lo convierte en uno de los pocos que hará los nueve puntos.

Ahora viene Uruguay y los retos serán diferentes. Los charrúas no quieren la pelota, volverán a entregársela a Colombia y entonces habrá que elaborar y volver al plan táctico inicial de conducción, manejo, apertura de bandas.

A este equipo todavía le queda juego para tocar el techo. Por ahora, la metamorfosis ha dado gran resultado. Los planetas están alineados y todo marcha muy bien...

 

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