Por: Cartas de los lectores

La migración forzada y el inevitable desmembramiento familiar

Más de 250.000 familias venezolanas han migrado a Colombia, la mayoría de las cuales han dejado algunos miembros en Venezuela. Al menos 56 % de los recién llegados a Colombia se han separado de algún familiar cercano en su búsqueda de una nueva vida. Una pesada situación de carácter emotivo y psicológico, que se añade a las de orden físico, como el hambre, la sed, el frío y el calor, violatorias de muchos derechos.

La separación de la familia y el sufrimiento a que son sometidos los padres lejos de sus hijos o hijos sin el amparo, el calor y el amor de sus padres y hermanos no tienen calificativos, y es por ello que a los problemas económicos y sociales a los que han sido sujetos nuestros hermanos venezolanos se suman estos, que son más desgarradores y crueles.

Separarlos de su cultura, comida, costumbres familiares, su música, su poesía, sus costumbres religiosas, su modo de vestir, su influencia materna, paterna y fraterna, entre muchos otros elementos, es el camino al desmembramiento familiar. Sin embargo, a muchos de los involucrados en este conflicto poco o nada les importa que esto ocurra dentro de la familia, que es la base fundamental de la sociedad.

Qué duro es estar lejos de un ser querido que se encuentra enfermo y sin poder atender sus necesidades básicas; cuando un miembro de la familia muere es doloroso, pero es mucho más doloroso saber que está vivo, sin poder prestarle la ayuda que necesita.

Son muchos los testimonios de las familias venezolanas donde declaran que vendieron sus bienes en Venezuela por valores muy por debajo de lo normal, luego la tragedia para llegar a su destino sometiéndose a los abusos de algunos transportadores que les cobran (por ser venezolanos) tarifas superiores a las normales. Llegados a su lugar de destino, comienza la odisea de buscar vivienda, luego buscar trabajo y luego conseguir que les paguen el salario justo. En algunos casos, dan con gente correcta que les pagan lo justo, pero en otros salen los vivos a aprovechar la situación de desamparo que viven estos desplazados y les pagan lo que les da la gana o no les pagan.

En muchas de estas versiones, aparece la ausencia de los hijos o de los padres que dejaron en pésimas condiciones. A pesar de poseer títulos universitarios, muchos de ellos no encuentran un trabajo acorde con su formación y tienen que realizar oficios a los cuales no están acostumbrados.

Algo tienen que hacer los organismos internacionales, que no pueden ignorar esta situación y hacer conciencia de que estas organizaciones fueron creadas para garantizar la vida digna en los países. No puedo terminar estas palabras sin destacar la buena actitud de algunos ciudadanos receptores de venezolanos que dan un trato digno y respetuoso a sus hermanos.

Marco Fidel Rocha Rodríguez

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