Por: Héctor Abad Faciolince

La mina de Fajardo

Desde su extraordinario papel como alcalde de Medellín, y ahora como gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo se ha empeñado en hacer política limpiamente, y en ser un funcionario público pulcro y transparente.

Para él la honradez ha sido la principal bandera, y en el ejercicio de sus funciones es meticuloso, sistemático, incluso exagerado. Por eso la acusación del procurador Ordóñez contra él lo toca en el punto que más duele: si la divisa de Fajardo es que en Antioquia no se pierde ni un peso de los impuestos, el pliego de cargos del procurador, que lo acusa de dolo, debe tener gran sustento. Dolo, según la Academia, es la “voluntad maliciosa de cometer un delito a sabiendas de su ilicitud”. Veamos, pues, la “conducta grave” de que se lo acusa.

Durante la administración de Fajardo en Antioquia han empezado obras como Hidroituango, la mayor hidroeléctrica de Colombia, con una inversión de miles de millones de dólares. ¿Es ahí donde se acusa a Fajardo de haber cometido una indelicadeza? No, no es ahí, se trata de una mina. En tiempos de Fajardo se han hecho las más grandes concesiones en infraestructura, las así llamadas Autopistas de la Montaña, también con un valor de miles de millones de dólares. ¿Ha mordido ahí la mano sucia de Fajardo? No, el lío de Fajardo es un “título minero”.

Veamos pues la mina de Fajardo. En Antioquia existen las minas de oro más grandes y ricas de Colombia; hay enormes concesiones de hierro, platino, carbón, zinc... ¿Se acusa a Fajardo de haberles dado a los chinos o a los canadienses una concesión dolosa para explotar minas de oro, plata o platino? No, tampoco es eso. Resulta que en una finca privada de Santa Rosa de Osos, al hacer una carretera, encontraron, en 1999, que en una loma de la propiedad había una buena cantidad de piedra y arena. El dueño de esa finca, entonces, empezó el trámite para que le dejaran explotar comercialmente el material. Así fuera sólo cascajo, la burocracia es lenta, pero al fin en el año 2011 se le aprobó al finquero explotar su cantera. El gobernador anterior, al finalizar su mandato, no tuvo tiempo de firmar el derecho. El trámite pasó al escritorio de Fajardo en el año 2012 y éste lo firmó.

¿Cuál fue el problema? Que el finquero de la mina de grava estaba casado con una funcionaria de la Gobernación, y al pasar esa concesión para la firma al gobernador no le dijeron quién era el dueño. Un acucioso defensor de la moral pública (excandidato derrotado a la Gobernación de Antioquia), entabló la demanda ante la Procuraduría. El procurador, me parece verlo, se frotó las manos: ya lo tenemos, Fajardo es un corrupto, un sinvergüenza. Ya tenemos la manera de truncar su carrera política: una mina de piedra que tal vez facture tres mil dólares al mes. Se pueden imaginar la suculenta comisión que se gana en este negociado el gobernador Fajardo.

Pero el procurador se frota las manos. Está demostrado: Fajardito el vanidoso, el pulcro, el limpio, el que denunciaba a sus opositores políticos por negociados de millones de dólares y por nexos con los paramilitares, el que se hace el honesto, es un hampón, un bandido, alguien que favorece con suculentas minas a los maridos de sus funcionarias.

Es sabido que los tres más probables candidatos a la Presidencia de Colombia del año 2018 serán el procurador Ordóñez (desde ya en campaña política y judicial para llegar a ese cargo), el vicepresidente Vargas Lleras (mejor conocido como “el mudo de la paz”, porque sobre ese tema no dice ni mu), y el gobernador Fajardo. Hay una manera de librarse de este contradictor y muy peligroso competidor político: inhabilitarlo durante años para ejercer la política. Por dolo, por faltas graves contra la moral pública. Eso es lo que busca el nefasto lefebvrista: enlodar a Fajardo por una mina de grava como si esto fuera la prueba reina de su deshonestidad. Es una jugada sucia y una patraña tan evidente que da asco. En esta actuación veremos si hay o no justicia en el país.

 

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