Por: Cartas de los lectores

La minería en Bogotá y la Sabana

Salomón Kalmanovitz, en El Espectador del 2 de febrero, denuncia un proyecto minero en Choachí, las extrañas características de la empresa y sus impactos en un territorio frágil.

Se pregunta por la Corporación Autónoma Regional, que permite estos atropellos. Y menciona el caso de Tabio, que lleva años luchando para que se detengan las explotaciones mineras, que acaban con el agua y afectan a la población.
 
La nota de Kalmanovitz y el artículo de El Espectador  de febrero 23 “Encrucijada por zonas para uso minero” ameritan analizar la situación de toda la sabana de Bogotá, llena de explotaciones mineras insostenibles. Los empresarios interesados se ocultan y cuando aparecen prometen lo que sea. Tampoco es claro cómo logran los permisos, ni quiénes responden por el control de las minas. Menos se sabe de los estudios y criterios con que funcionarios invisibles toman estas decisiones.
 
Imágenes de la Sabana muestran el paisaje cubierto por polígonos de colores que señalan los “bloques mineros” autorizados y los que están en proceso. Lo que se está incubando son muchos proyectos mineros que por la proximidad entre ellos y el impacto sobre el territorio equivalen a explotaciones de gran envergadura. El Ministerio de Minas defiende una supuesta “minería responsable” y dice que las áreas vulnerables y de interés están protegidas. Los constructores argumentan que si se limita su actividad en la Sabana deben traer materiales del Meta o del Huila. El ministro de Vivienda necesita construir para impulsar el crecimiento y promete un artículo en el Plan de Desarrollo con el fin de dar “garantía jurídica” a quienes tengan permisos, así sea en los cerros.
 
El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Gabriel Vallejo, bajo fuertes presiones del Gobierno y los gremios, debe expedir una reglamentación para la región en cumplimiento de un fallo del Consejo de Estado. Él ha empleado dos criterios para tomar este tipo de “decisiones exprés”: demarcar áreas sin base ambiental científica y darle gusto a todo el mundo (véase páramo de Santurbán), sacrificando la naturaleza y el desarrollo sostenible, que no funcionan de manera tan simple, pero, según el ministro, “estas decisiones implican el sacrificio de alguien”. Ahora, en lugar de sacrificar La Conejera, la Sabana, Bogotá, su ecosistema, su estructura hídrica y sostenibilidad económica, es el momento de que el ministro Vallejo, con el apoyo del Gobierno nacional y las autoridades distritales y locales, actúe de acuerdo con sus funciones y la ley. Y lidere una propuesta para lograr un futuro visionario y sostenible para Bogotá-Región.
 
Pablo Leyva. Bogotá.
 
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