La ministra de Ciencia y Tecnología: política y fuego amigo

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Los ataques a la nueva ministra de Ciencia y Tecnología, Mabel Torres, se pueden clasificar en dos campos: uno, el de la política; dos, el del fuego amigo, proveniente de algunos miembros alineados en el ámbito de la ciencia, algunos de los cuales hicieron parte de la Misión de Sabios que entregó su informe el pasado diciembre.

Entre los dos tipos de embates, el primero es obvio. El segundo, el de miembros de la “comunidad científica”, es mas complicado y, paradójicamente, mas afín a la cultura criolla de dirimir diferencias aniquilando al interlocutor.

Primero, la política: es obvio que poner en duda dos de las bases clave del discurso del Centro Democrático (CD) y del mismo gobierno, fracking y uso de glifosato, ubicaba a la ministra en el lugar equivocado, independiente de su sensatez y la pertinencia de los planteamientos. “El cuidado del medio ambiente y el desarrollo de prácticas sostenibles debe ser una prioridad, por lo que es fundamental pensar en opciones diferentes al fracking” (Dinero, 03/01/20). 

Cometió otra imprudencia cuando se refirió a la necesidad de que Colombia sea una economía diferente en la que dicha práctica no sea opción de primer orden de productividad y competitividad. Impertinencia, entre otras, que está en la base de los planteamientos y recomendaciones de la Misión de Sabios. Allí, las propuestas giran alrededor de tres retos: Colombia biodiversa, productiva y sostenible y, finalmente, equitativa.

Y, claro, el remate de la provocación ocurrió sobre el glifosato, cuando aludió a sus efectos y, qué crimen, dijo que teníamos que dialogar para evitar, en lo posible, su uso.

De ahí que la primera carga de artillería proviniera del CD mas radicalizado. Herejía de la ministra, así haya abundante material científico para apelar al principio de precaución en uno y otro caso.

Patética y triste, la segunda categoría de ataques, la de algunos solemnes sabios.  Brillaron, sí, por su ausencia ante los planteamientos sobre fracking y glifosato, en el tapete del debate mundial por los altos riesgos que representan para la biodiversidad y la sostenibilidad, por un lado, y por su significado en una economía atascada en la exportación de unos cuantos commodities, legales e ilegales, por otro.

Le cayeron a la ministra por el artículo de este diario sobre el uso del hongo ganoderma. En ningún momento la señora Mabel Torres ha comercializado medicamento alguno contra el cáncer. Es posible que algunas actividades suyas caigan en un terreno similar al del prominente investigador neurólogo bogotano Rodlfo Llinás cuando afirmó, hace mas de seis años, que había encontrado la droga contra el Alzheimer (Margarita Vidal tituló un artículo al respecto: “Llinás encontró la droga contra el Alzheimer. Sólo falta la patente”, Las2Orillas). ¿Por qué acabar con Llinás? Y tantos ejemplos de la vida diaria, de las ofertas disponibles alrededor de plantas, de tratamientos en proceso de experimentación, sólo para mencionar un par de casos.

En otras palabras, pareciera que la ecuación se resolvería con una cartera ocupada por un científico que, de entrada, diga sí al fracking y al uso del glifosato. Ah, y que use el método científico para administar recursos públicos en el día a día, lidiar, a diario, con los congresistas, el Ministerio de Hacienda, gobernadores... y lagartos.

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