Por: Santiago Montenegro

La monarquía del miedo

En un reciente editorial, El Espectador se unía a las protestas de la Red Colombiana de Mujeres Filósofas en su denuncia al Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional, porque hay una sola mujer en su planta docente.

La Nacional y todas las universidades tienen mucho que aprender de las universidades norteamericanas, que le han dado la oportunidad de enseñar a un creciente número de mujeres, muchas de las cuales han alcanzado los más altos honores académicos en el mundo. Una de ellas es Martha Nussbaum, profesora del Departamento de Filosofía y de la Escuela de Leyes de la Universidad de Chicago, quien en 2016 ganó el Premio Kyoto, la más alta distinción internacional que se otorga en disciplinas no cubiertas por los premios Nobel, premio anteriormente concedido a Karl Popper y a Jürgen Habermas. Los aportes de Martha Nussbaum son inmensos en muchas áreas del pensamiento, incluyendo la discriminación contra la mujer. Un excelente resumen de muchas de sus ideas se encuentra en su último libro, The Monarchy of Fear (Simon & Schuster, 2018), en el que aborda el papel de las emociones en la lucha política que se vive en los Estados Unidos y en otros países, incluyendo el sexismo y la misoginia. Estamos en una época, dice Nussbaum, en que las personas se sienten desamparadas, sin control de sus vidas, con miedo al futuro. Estos sentimientos tienen una base real y objetiva, pues se han estancado los ingresos de las clases medias, se ha deteriorado su salud y ha caído su esperanza de vida, los costos de la educación superior se han disparado, entre muchos otros problemas. Pero si nos dejamos dominar por esos sentimientos, agravamos los problemas, pues fácilmente se transforman en inculpaciones y expiaciones, en fantasías de revancha, en envidia de los más afortunados y se pasa a culpar a grupos enteros de inmigrantes, de minorías raciales y también a las mujeres. Así, Nussbaum hace un fascinante análisis sobre cómo el miedo es el origen y sustento de otros sentimientos, como la rabia, el disgusto, la envidia, el sexismo y la misoginia.

Pero, además de resaltar el papel que juegan estos sentimientos en la vida política, quizá el mensaje central de este libro es que no debemos responder a la rabia con rabia, a la envidia con envidia o al odio con odio. Al miedo y a sus sentimientos derivados tenemos que responder con políticas y acciones fundamentadas en la esperanza y el amor, y esas emociones se las puede construir y alimentar con el diálogo y la deliberación constructiva, con movimientos de protesta organizados y respetuosos, con el cultivo de las artes, con los mensajes de fe de las religiones. Y también con políticas muy específicas como la obligatoriedad de un servicio nacional social para todos los jóvenes.

Los filósofos de la Nacional y los académicos de todas las universidades, pero también los empresarios y todos los hombres de Colombia (soy el primero en incluirme), tenemos, entonces, mucho que aprender de mujeres como Martha Nussbaum y de las políticas de inclusión de las universidades norteamericanas. Pero, de pronto, no tenemos que observar tan lejos. Miremos la conformación del gabinete del nuevo Gobierno de Colombia, en el que el 50 % son mujeres. ¡Qué lección nos ha dado a todos los hombres de Colombia nuestro joven presidente de la República!

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